Irene veía completamente sorprendida como en la espalda de Gaby aparecieron unas pequeñas alas blancas y su cuerpo, aunque no era tan luminoso como el de su padre, si contaba con la luz suficiente para dejarla sorprendida. La niña extendió sus manos creando una barrera que, para sorpresa del hada, Daniel no pudo ver, porque él entró a la oficina, dijo unas cuantas palabras y después salió como si ellas no existieran. —Maestra Stevens —dice Gaby volteándose para ver a la pelirroja extendiendo su pequeña mano hacia ella —¡hagamos una promesa de meñique! —pide la chiquilla extendiendo su dedito. —¿Una promesa de meñique? ¿Qué deseas que prometa? —pregunta Irene extendiendo su meñique hacia la hija de Daniel. —Que guardará mi secreto. Soy un angelito que combate el crimen en secreto ¡Guarde

