¿Y qué si soy yo?

1335 Palabras

De repente, la cara del anciano se volvió grisácea mientras se agarraba el pecho con fuerza. —Maia, mi corazón… mi corazón se siente muy incómodo…— El rostro de Kenneth palideció de dolor. Déjame sentir tu pulso. Maia puso sus dedos en la muñeca de Kenneth y dijo: —Abuelo, tu pulso es bastante débil. ¿Estás adolorido? ¿Sientes que hay hormigas arrastrándose por tu corazón?—. —Sí Sí. Así es.— Maia sabía que la droga, que le había indicado al mayordomo que añadiera a la medicina de Kenneth, había comenzado a hacer efecto. —Maia… Mi corazón… Me duele… Sálvame…— Sin embargo, Maia simplemente miró al hombre con frialdad. —Abuelo, ¿me estás pidiendo que te salve?— Kenneth sintió que su corazón se estaba desgarrando y ya no podía soportar el dolor. —Maia… S-Sálvame…— Maia sacó

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