Cumpleaños 11

2331 Palabras
En la hacienda Walker están festejando el cumpleaños de Carol, era una tarde soleada aunque fresca, un suave y delicado viento les acariciaba delicadamente el cabello. El cielo bello cielo azul, ni una sola nube había a la vista. Carol Walker vestía un sayuelo dorado y una falda larga y blanca. Ella se encontraba jugando con sus amigos pensando a que podrían jugar. Junto a ella se encontraban nueve niños los cuales se dividían en 5 varones (Pedrito, Joselino, Mirko y Ali) y 4 nenas (Beatriz, Laura, Nilda y Nancy) -¿A qué podríamos jugar ahora? -Pregunto Pedrito a sus amigos. -Podemos jugar a saltar la cuerda o tal vez las escondidas -Sugirió Laura sonriente. -Ambas ideas son buenas. -Exclama Laura sonriendo. -¿Qué tal si primero jugamos a las escondidas? -Sí, juguemos a las escondidas y luego jugamos con la cuerda. -Respondió Carol. -¿Quién cuenta hoy? -Pregunto Joselino sonriendo. -Yo no! -Exclamo Beatriz levantando su mano. -Está bien, puedo contar. -Le respondió Carol a Beatriz. -Me parece bien.-Respondió Beatriz mientras volteo a ver hacia los lados.-La hacienda es bastante grande así será difícil encontrar a todos y no quiero estar esperando. Carol pensó en lo que Beatriz había dichos mientras los demás niños se miraban entre sí y ponían los ojos en blanco. Nelly era una niña bastante quejosa y mimada por lo que a algunos de los niños no le gustaba jugar con ella. -Aquí tenemos muchos lugares donde escondernos así que solo va a ser en esta parte. -Les dijo Carol.-Aquí en el patio y en todo lo que es el jardín podemos escondernos solamente. -Está bien. -Respondió Pedrito sonriendo. -Bien, yo voy a contar hasta 30 y ustedes van a esconderse. -Exclamo Carol sonriente. La pequeña Carol se volteó a ver hacia la pared y con sus brazos contra la pared apoyo su rostro sobre su antebrazo para cubrir sus ojos. -Uno... Dos... tres... -Comenzó a contar lentamente. Tan pronto como Carol comenzó a contar sus amigos comenzaron rápidamente a buscar donde esconderse; algunos fueron detrás los árboles, mientras otros fueron a esconderse detrás de grandes arbustos y estatuas del jardín. -¡Veintiocho... veintinueve... y treinta! El que no se escondió perdió -Anuncio Carol antes de comenzar a buscar, lo que no se le dificultó mucho, ya que al dar unos pocos pasos pudo notar a Pedrito escondido detrás de un árbol, porque se había asomado para ver si podría ir a la base sin que lo notara. -Ya te vi Pedrito! -Dijo Carol apuntando con su dedo hacia donde estaba escondido Pedrito antes de correr hacia el árbol. Pedrito salió de detrás del árbol y comenzó a correr hacia la base, pero luego de dar unos pocos pasos Carol toco la pared. -Que mala suerte! -Exclamo Pedrito caminando hacia donde estaba Carol. Carol era buena jugando escondidas, no le tomaba mucho tiempo encontrar a sus amigos. Mientras su padre; Antonio Walker, se encontraba junto a su madre y sus empleados Chica Lopes, Su esposo y algunos padres de los invitados a la fiesta con cuáles la mayoría eran hijos de ex esclavos liberados que no se quedaron en la hacienda prefiriendo ir a buscar empleo en otros lugares. -Nunca había visto a mi niña tan feliz. -Exclamó doña Chica sonriendo mientras observa a Carol buscando a sus amigos. -Es gracias a que estamos todos junto a ella para compartir este momento tan importante. -Aseguró Antonio.-Bueno no todos, lástima que Samuel no pudo venir. -Sabes que tu hermano tiene mucho trabajo en su hacienda, pero cuando tenga un tiempo libre vendrá. -Repuso su madre sonriendo. -Lo sé, para navidad él nunca faltó, a propósito ¿Cómo está mi sobrina?-Le pregunta -Gracias por darme el día libre señor. -Respondió agradecida doña Chica. -No se preocupe por eso, usted es como una madre para Carol, usted era la persona que con más razón tenía que estar presente en su cumpleaños -Replicó Antonio. -Y no sabe lo feliz que me hace saber eso porque ella es como una hija para mi señor. -Le responde doña Chica.-Primero mi carta de libertad, luego me dio trabajo aquí y ahora me da el día libre para poder disfrutar del día especial de mi niña, señor, usted es realmente un ángel, señor. Antonio sonríe bajando su mirada mientras está apenado. -Mi hijo siempre fue así, cuando era un pequeño niño él y su hermano Samuel ya pedían que les diéramos cartas de libertad a los esclavos que teníamos en la casa. Claro que mis amistades de ese tiempo no entendían mucho eso, decían que solo era una fase. -Recuerda la madre de Antonio.- -Me alegra que lo entendieras, sabía que lo harías. -Le dice Antonio a su madre.-Están equivocadas, porque su deseo porque todos fueran libres creció a tal punto que llegó a comprar esclavos únicamente para darles su carta de libertad. -Eso es algo que le agradezco a dios todos los días. -Le contesta doña Chica. Eso sucedió hace 12 años (exactamente dos años antes del nacimiento de Carol), en ese momento era algo que recuerda muy bien, ella estaba junto a los demás esclavos esperando ser comprada. Ella únicamente deseaba que la persona que la comprara no fuera tan mala como su dueño anterior, pensaba que un dueño bueno podría ser mucho pedir así que se conformaba con uno que no fuera tan ruin. Ella creyó que estaba preparada para el momento en que la compraron, pero la verdad es que nada podía prepararla para eso y nada de lo que ella se hubiera podido imaginar tenía que ver con la inmensa sorpresa que se llevaría ese día. Además, ella pudo ver a un joven Antonio Walker de 24 años con su característico cabello largo así cubriendo completamente sus orejas, pero dejando ver sus patillas (Un estilo que mantuvo incluso ahora). Antonio estaba junto a su esposa Doña Joaquina, Chica intentaba ver de reojo, ya que donde había estado no se permitía que viera a sus "dueños" a la cara. Chica pudo notar que Antonio veía a los esclavos con una expresión seria en su rostro. Normalmente, él se llevaba a los que se veía que habían sido más maltratados, pero por lo que pudo todos tenían la espalda marcada por latigazos. -¿Ya los viste? -Le preguntó Doña Joaquina a Antonio. -Sí, están muy maltratados. -Le respondió Antonio observando a los esclavos. Aunque eso era algo que bajaba su valor, también dejaba ver un gran desgaste en el esclavo, algunos argumentaban que esos demostraba que esos esclavos eran fuertes y claro esta no era la excepción. -Así es, usted mismo puede verlo resintieron todo, son muy fuertes. -Dijo el vendedor de esclavos intentando convencer a Antonio. -Yo creo lo contrario. -Objeto Antonio observando las espaldas de ex esclavos. Había 7 clavos en esa fila incluyendo a ella y en esta ocasión la compró a los 7. Él se la llevó a su hacienda y al llegar comenzó a hacerle preguntas que la confundieron bastante a pesar de que eran las mismas preguntas a los esclavos uno por uno hasta llegar a Chica: -¿Cómo se llama usted señora? -Preguntó Antonio observándola con una sonrisa. -Chica. -Le respondió Chica algo asustada. -¿Solo es eso o tiene apellido? -Preguntó Antonio con curiosidad. -Chica Lopes. -Respondió sin levantar la mirada, no se atrevía a verlo a los ojos. -¿Cómo se siente? -Le había preguntado Antonio. -Bien, señor. -Respondió Chica asustada, sin levantar la vista para verlo. -Bien. -Exclamó Antonio sonriendo antes de voltearse a ver al último esclavo de la fila, él era el novio (ahora esposo) de Chica.-¿Cómo se llama Usted? -Me llamo Iván. -Le respondió. -¿Solamente Iván o tiene apellido? -Preguntó Antonio con curiosidad. A todos los esclavos les pregunto lo mismo. -No tengo apellido, señorito. -Respondió sin levantar la mirada, no se atrevía a verlo a los ojos.-Solo soy Iván. -¿Cómo se siente? -Le había preguntado Antonio. -Bien, señor. -Respondió Iván asintiendo con su cabeza. -¿Está seguro? -Le preguntó Antonio sonriendo.-Las marcas que vi en su espalda durante la venta me dicen otra cosa -No se preocupe, señorito. -Le respondió Iván a Antonio.-Esas heridas ya sanaron Para Antonio no era algo gratificante hablar con esclavistas, pero esta era por una buena causa. Una vez habían llegado a su hacienda el señor Antonio Walker reunió a sus nuevos esclavos frente a él, ya que quería darles la bienvenida y dar un anuncio muy importante. -Hola a todos -Saludo Antonio sonriente.-Quiero darles la bienvenida a todos aquí. Los esclavos se encontraban de pie frente a él intentando estar en una postura lo más derecha posible al oír las palabras de su "dueño". -Quiero decirles que no van a ser esclavos ni un día más, yo voy a liberarlos hoy mismo. -Exclamó sonriendo. Todos los esclavos se quedaron boquiabiertos incluyendo a Chica, aunque pensando que tal vez era una broma de mal gusto decidieron no prestarle mucha atención. Antonio se quedó en silencio unos instantes esperando una respuesta, pero ellos estaban muy desconfiados y no querían entusiasmarse por nada. -¿Qué creen sobre eso? -Les preguntó Antonio. Ellos lejos de responder bajaron su mirada a excepción de Iván que si contesto a lo que Antonio había preguntado: -Pienso que el señorito no debe burlarse de nosotros. -Iván Protesto con algo de temor. -No entiendo lo que quieres decir. -Exclamó Antonio. -Iván. -Exclamó Chica volteando a verlo. -No, déjelo hablar. -Suplico Antonio en tono serio. Ambos guardaron silencio mientras Antonio y Joaquina esperaban que él respondiera. -Dígame, ¿Qué es lo que quiso decir? -Le preguntó Antonio a Iván. -No quise decir nada, disculpe señorito. -Suplico Iván bajando la mirada. -No tenga miedo, para nosotros es importante lo que usted opine, Iván. -Objeto Joaquina. -Es verdad, por favor digamos. -Suplico Antonio. -Decía que la libertad fue algo que dimos por perdido hace mucho. -Replicó Iván con un gesto de resignación. -Eso cambia hoy. -Aseguró Antonio. -Cuando los llamé vengan conmigo, por favor. Antonio se dio media vuelta y se fue caminando saliendo de esa habitación, los esclavos esperaron unos minutos hasta que el capataz llegó donde ellos estaban. -¿Cuál de ustedes es Iván? -Preguntó el capataz. -Soy yo. -Exclamó temeroso Iván. -¿Y quién es Chica? -Les consultó el capataz inmediatamente. Chica levantó su mano sin pronunciar palabra. -Vengan conmigo, por favor. -Dijo esperándolos. -¿Para qué nos llamará? -Le preguntó Chica a Iván susurrando. -No puede ser peor de lo que ya vivimos.-Respondió Iván también con un susurro. Ambos siguieron al capataz hasta la sala donde se encontraban Antonio y Joaquina sentados frente a una mesa. -Aquí están. -Les aviso el capataz. -Aquí tengo esto para usted. -Dijo Joaquina dándole su carta a Iván quien se quedó boquiabierto al verla. Chica no entendió a qué se debía la reacción de Iván, hasta que Antonio le dio la suya. -Mi carta de libertad! -Exclamo emocionada Chica. Tanta era su emoción que comenzó a llorar al igual que Iván. -¿Por qué lloran? ¿Dije algo malo? -Preguntó Antonio preocupado mientras los observaba a ambos. -No, usted no dijo nada malo. -Le respondió Iván a Antonio con una gran sonrisa. -Estoy llorando de felicidad. -Agrego Chica sonriendo mientras abrazaba su carta de libertad poniéndola sobre su pecho.-Pensé que nunca llegaría este día. Ella se acerca a Iván y ambos se abrazan emocionados. -No tienen que irse, si ustedes quieren pueden trabajar aquí. -Les dice Antonio. -¿Lo dice en serio? -Pregunto Iván entre sorprendido. -Si, muchos de los empleados de aquí son esclavos que liberamos. -Le respondió Joaquina. -¿Aceptan? Chica asintió con su cabeza sonriendo mientras seguía llorando, era tal su emoción que no podía responder por lo que Iván volteo a ver a Joaquina y le respondió con un cortante aunque tartamudeado "S-SI". -Eso nos alegra mucho. -Exclamó Joaquina sonriendo. Antonio se puso de pie y extendió su mano hacia él. -Bienvenido. Iván dejó lentamente de abrazar a Chica al ver que Antonio quería darle la mano, pero en lugar de estrecharse la mano a Antonio prefirió abrazarlo. -Yo pensé que moriría siendo esclavo.-Exclamó ahora Iván, lo hizo recordando ese momento. -Ahora además de ser libres tenemos trabajo, y estamos aquí todos juntos reunidos, festejando. Mientras en el patio un nuevo juego de las escondidas esta casi por terminar, ya que Joselino encontró a la mayoría de sus amigos los cuales estaban de pie esperando a que él encuentre a los dos faltantes; Beatriz y Carol. -Donde estarán. -Se dijo Joselino viendo a Pedrito caminar hacia los demás. Beatriz, quien estaba escondida detrás de una estatua comenzó a correr hacia la base aprovechando que Joselino estaba de espaldas buscando por los árboles. Beatriz estaba segura de que podría llegar a la base sin problemas. Hasta que Joselino se volteó y pudo ver que Beatriz estaba tocar la pared así que comenzó a correr también intentando llegar antes que ella. Los niños que ya habían sido encontrados se esforzaron no dar ánimos a Joselino aunque era algo difícil porque a ellos no les agrada Beatriz. De hecho, Beatriz es una mala competidora que no duda en hacer trampa y claro que tampoco es una buena perdedora. Por más que Joselino se esforzó por llegar a la pared antes que Beatriz no lo logro; Beatriz llego antes que él. -Oh no! -Exclamo Joselino resignado. Carol salió de detrás de un arbusto donde estaba escondida y fue con sus amigos para comenzar una nueva partida. -Sabía que ganaría porque yo soy la mejor para jugar. -Les dijo Beatriz con arrogancia. -El primer juego lo perdiste, Carol te encontró. -Le recordó Pedrito. -Ella espió. -Protesto Beatriz. -No espió. -Le respondió Nilda a Beatriz. -Claro que sí. -Insistió Beatriz. -¿Qué les parece si mejor jugamos a saltar la cuerda? -Les pregunto Carol intentando detener la discusión. -Si, mejor. -Respondió Nilda.
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR