MAXIMILIAN —Te prometo padre, que cuando tus ojos se abran encontraras a la misma Roma de cuando se cerraron—No dude en sujetar su mano entre las mías mientras internamente suplicaba a Júpiter que le regresara la vitalidad—Mataré a quien tenga que matar y hare que cuando llegue el momento de que partas de este mundo, Roma te recuerde como un ser divino que fue todopoderoso en vida. Su cabello blanquecino caía sobre la cama, estaba ligeramente largo y su rostro parecía ser de un color semejante, no parecía haber mejoría desde que había caído, el doctor decía que era normal cuando pasaran unas cuantas semanas despertaría y recuperaría peso, o eso era lo que él pensaba. Deposite un beso en el dorso de su mano antes de dejarla a su costado, era momento de dejar Roma por unos meses, solo des

