GIA Aunque lo intentara no podía quedarme quieta, caminaba de un lado a otro en la gran sala de descanso mientras mi padre observaba a un punto fijo en la pared, mi madre y Galia en cambio parecían haber probado alguna clase de licor amargo por la expresión que conservaba su rostro. —Cuando la tenga enfrente voy a matarla—Susurró mi madre de manera casi imperceptible, supe de inmediato que se trataba de la mujer que había informado acerca de la decisión del emperador de comprometer a la hija de un senador con un legionario, si bien su información no había sido falsa tampoco había estado completa. —Mujer—Siseó mi padre haciéndola callar inmediatamente—¿Cómo te atreves a pedirme que detuviera la ceremonia? ¿Qué querías que hiciera? ¿Pararme delante del César y decirle que le había dado a

