GIA La muerte. Tan frívola en todo sentido y con esa aura de sosiego que provocaría pánico en cualquiera, la muerte era un acto traumatizante pero cuando se daba en una ocasión como esta y en circunstancias tan sanguinarias ese efecto tenebroso era multiplicado al doble. Mis manos parecieron comenzar a temblar con pánico mientras miraba al hombre desangrarse lentamente en el suelo mientras intentaba adquirir el aire fallando monumentalmente pues la sangre invadía la boca del anciano creando gárgaras escarlatas. —¡Domine! —Gritó Aelius mientras me tomaba de la mano y me empujaba detrás de si desenfundado su gladius, otro guardia imito la misma acción con Cornelia quien había palidecido ante la tétrica escena que había surgido a unos escasos dos metros de distancia, los guardias imitaron

