GIA
Intente bajar la mirada mientras los ojos acusadores de mi madre me consumían, lo había hecho de nuevo pero no me arrepentía, Helena había corrido a alguna parte de la residencia huyendo de la reprimenda, la pequeña niña hija de una pareja de esclavos que trabajaban en la casa me recordaba a mi cuando era joven, siempre ansiosa por aprender cosas nuevas y escribir latín no era la excepción.
—Te lo he dicho cientos veces Gia, no debes mezclarte con la clase inferior ni mucho menos enseñar a escribir a una esclava—No pude refutar sus palabras, pues sabía perfectamente que hacerlo me llevaría a un circulo vicioso del que no podríamos salir y como muchas veces terminaría delante de mi padre siendo reñida por las mañosas palabras de su esposa.
—Lo siento madre—Me disculpe apegando la serie de libros a mi pecho, ella suspiro cansada con la situación y antes de salir de la habitación se detuvo en el umbral, sus ojos color negros me miraron de arriba abajo.
—Arréglate, las esposas de los senadores vienen a tomar el té—Asentí con la cabeza mirando como su silueta autoritaria desaparecía detrás de la puerta, Fátima era de esa manera, después de la muerte de mi madre, Lilia, al darme a luz, mi padre había decidido que necesitaba una nueva esposa que pudiera criarme bajo las normas romanas y educarme de manera correcta, el como hombre estaba imposibilitado a hacerlo, así que cinco años más tarde se casó con aquella mujer que lo único que tenia de madre era el título.
Era una mujer vanidosa, de cabello largo y n***o como la noche, de piel morena y ojos oscuros, cinco años más joven que mi padre y que dos años después de su llegada le había dado otra hija, mi hermana Galia quien compartía un temperamento similar al de ella, siempre sobajando a los plebeyos y esclavos como si ellos no fueran al igual seres humanos.
—Desde que el ejército esta instalado a las afueras de Roma las calles se han tornado casi intransitables—Dijo casi con un tono cansado la esposa de uno de los senadores que se había dado cita en la casa—El sobrino del emperador ha regresado a la capital y se le brindo una bienvenida como la del mismísimo César.
—Thiago dice que la fama del sobrino del emperador es enorme—Opinó mi madre llevando su taza a la boca de la manera más elegante posible, detestaba estas reuniones llenas de prepotencia y presunción por todos lados, sin embargo ella consideraba adecuado que sus hijas estuviesen presentes para que nos instruyéramos en el arte de las palabras como ella le llamaba.
—Incluso una conversación puede ayudar a levantar cualquier clase de rumores así que deben ser cuidadosas—Decía continuamente.
—Es cierto, mi esposo ha escuchado que es posible que se convierta en el sucesor del César.
—No lo creo—Respondió de manera altanera la esposa del concejero del emperador quien era la que más información sobre el palacio imperial podría dar—El general Caius Maximilian no quiere ser emperador, a pesar de que algunos lo catalogan como el segundo dirigente de Roma, Augusto dirige en el trono mientras que él lo hace en el campo de batalla conquistando otros reinos y trayendo la riqueza a la capital.
—¿Está casado? —Preguntó mi madre para saciar su curiosidad, para ella el matrimonio era fundamental, así que siempre buscaba la manera de saber a cerca de los mejores prospectos de esposo que podía haber en Roma, lamentablemente no para mí si no para Galia. Para terminar de lanzar arena sobre mi tumba el año que se acercaba cumpliría veinticinco, edad suficiente para ser considerada una solterona que tendría dos opciones: Vivir siempre a lado de mis padres y bajo sus alas o convertirme en una sacerdotisa.
Así de lamentable era mi situación.
—No deja que nadie hable respecto de su vida privada, lo único que se sabe de él es su nombre y los innumerables baúles llenos de oro y piedras preciosas que almacena en la bóveda debajo del palacio, todos ellos premios de guerra—Dijo la mujer con aire soñador, todo el mundo sabía la innumerable riqueza y estatus que tenía un Dux, liderar las legiones romanas era un alto cargo que no todos tenían la destreza de conseguir, así era Roma de agraciado con su ejército—En fin, nadie le quita el título del segundo hombre más rico de Roma solo por debajo del emperador, es posible que pronto tengamos el placer de conocerlo, estoy segura de que habrá un gran banquete para celebrar su regreso de Britania.
—Mi querida Galia es hermosa—Presumió mi madre tomando la mano de mi hermana menor, su costo anillo de bodas no perdía la oportunidad de brillar delante de los envidiosos ojos de las demás romanas—Estoy segura que pronto festejaremos su compromiso con un alto mando militar o con un senador en ascenso.
— ¿Qué hay de ti Gia? —Preguntó la mujer más anciana del grupo, siendo sincera eran tantas que ni siquiera me había dado a la tarea de recordar sus nombres, sonreí un poco incomoda, no me agradaba ser el centro de su conversación pues mi madre solía atacarme y decir el motivo del porque no había conseguido un marido.
—Para mí el matrimonio no es tan importante—La mueca de escándalo en el rostro de todas no se hizo esperar, al observar la mirada amenazadora de la mujer que me educo me aclare la garganta con rapidez y levante las manos mientras las agitaba a modo de negación—Paenitet Me (Lo siento) creo que no me he expresado correctamente, me refiero a que no me importa el rango o estatus de mi esposo.
—Oh, ya veo, para muchas no lo es, espero que no creas que al casarte serás una mujer plena y feliz porque el matrimonio en Roma por lo menos no funciona de esa manera—La más anciana no dudo en darme una catedra de realismo, bien, sabía perfectamente como era Roma, así que no esperaba un romance o algo por el estilo, solo esperaba un matrimonio tranquilo si es que llegaba—Si consigues una mirada de tu marido y comprensión debes sentirte afortunada, los romanos son tan...difíciles que incluso pueden llegar a ser como bestias en los aposentos en vez de hombres.
Galia se atoro con el té, provocando la risa de más de una, la mano de mi madre se apresuró a golpearla levemente en la espalda intentando que su amada hija regresara en sí y su ataque se tos desapareciera.
—Olvidémoslo—Se apresuró a decir mi madre, ayudando a mi hermana quien se veía seriamente afectada por el comentario, eso le pasaba por sobreprotegerla tanto, conmigo no dudaba ni un solo segundo en hablar de frente sobre temas tan incomodos como eso, era como si no me guardara consideración absoluta.
—Entonces no debes preocuparte Fátima—Dijo Fannia, la mujer más joven de todas y reciente nueva esposa del senador más importante de Roma después de mi padre quien hasta hacia unos cuantos meses atrás también formaba parte del senado, ahora su rango había subido, se había convertido en Cónsul lo que había aumentado el ego de mi madre—He escuchado que el emperador concederá una matrimonio a un soldado de la legión del sur con la hija de un senador, los cónsules no están libres de recibir una visita de la Guardia Pretoriana.
—¿A qué te refieres?—Se apresuró a decir ella visiblemente ofuscada por el tono burlón con el que hablaba su oponente. Yo solo podía observar los ojos negros de mi madre conectarse con los de la rubia quien al igual que ella conservaba ese tono altanero y presumido que le daba su estatus.
—Tu hija Gia no tiene problemas al momento de escoger marido, solo digo que a pesar de lo mucho que tu ego sea golpeado también estas dentro de la posibilidad de emparentar con una familia de ex esclavos—No pude ni siquiera describir la mueca de desagrado que se dibujó en el rostro de ella.
—La vida de Gia está centrada en las decisiones de Thiago no mías, en cuanto a Galia puedo asegurar que mi hija jamás se casara con un hombre que no la merece ni mucho menos se adapta a nuestro estatus—Más de una me miro con compasión, era notable las preferencias de la mujer quien ni siquiera se había dado a la tarea de ocultar el abismo de tamaño considerable que me alejaba de su querida hija en cuanto a tratos, a pesar de ello, me había educado, me había mostrado como era la vida y lo que ahora sabia era gracias a ella.
MAXIMILIANO
Las paredes blanca de mármol contrastaban con las flamas que emanaban las antorchas al caminar debajo del palacio, la bóveda estaba igual de como la recordaba, fría y a la vez cálida debido a la enorme cantidad de oro que se almacenaba dentro de ella. Augusto caminaba delante de mí mientras se detenía de vez en cuanto para apreciar los tesoros que había debajo.
—Confió plenamente en que todo está intacto, no se a que hemos bajado, el ambiente me parece asfixiante—Le dije mirando con cansancio el lugar, después de recorrer tantos reinos lejanos y tantas tribus escondidas en los lugares más recónditos de Britania el oro no me impresionaba.
—Si no te gusta estar en la capital por lo menos deberías fingir que sí, debes acostumbrarte—Dijo mi tío mientras me tendía la antorcha y se inclinaba un poco para sacar un hermoso collar de diamantes, sonrió al mirarlo—Le quedara a la perfección—Musitó casi para si mismo.
—El ambiente caótico y efusivo de Roma me parece desconocido, no es que deteste la ciudad—Confesé, siendo sincero, me traía malos recuerdos y después de tantos años lejos había dejado de considerarlo mi hogar—No creo que llegue a acostumbrarme nunca.
—Sujeta esto—Dijo tomando la antorcha y dejando en mis manos por lo menos cinco joyas preciosas, entre ellas un enorme y elegante anillo de oro, cuando lo acerque a mí para mirarlo con atención pude reconocer una figura, era similar a un rombo, las orillas estaban repletas de esmeraldas, eran por lo menos dieciséis y estas eran complementadas por un enorme y costoso diamante en forma de ovalo, eso sin mencionar los cuatro diamantes pequeños que decoraban los cuatro puntos de la figura, era un anillo único, traído posiblemente de alguna tribu Turca después de la conquista.
—Cualquier plebeyo se volvería rico si tuviera en sus manos este anillo—Musité ligeramente embelesado.
—Es tu anillo de bodas—¡¿Qué?! Al mirar mis manos pude detectar inmediatamente que era lo que había planeado hacer, eran regalos, regalos de matrimonio así que era seguro que el hermoso y costoso anillo adornaría la mano de alguna mujer de elite romana en unos pocos días.
—No, no los necesita—No estaba dispuesto a complacer a una mujer avariciosa como las que habitaban en todos los lados de Roma, su fama no era mal fundada, solo tenían ojos para el oro y las joyas, poco les importaba las muerte de su marido si este las dejaba como viudas pudientes—Quiero una esposa que conozca la palabra austeridad.
La risa de Augusto inundo todo el lugar como si hubiera dicho la cosa más graciosa del mundo, rápidamente continuo su trabajo buscando entre los cientos de artículos preciosos que había en los contenedores de piedra.
—En Roma no se conoce esa palabra—Musitó—En Britania y Cartago no necesitaste esto pero ahora que estas en la capital debes aprender a vivir como un romano, debes recordar cómo se vivía antes de que marcharas.
Lo recordaba perfectamente, toda Roma era oro y mármol, con trajes de diseño costoso e hilos bañados en oro, coronas de laurel formadas de metales preciosos y de diamantes adornando las cabezas de todos, había olvidado esa vida sin embargo mis trajes de guerra portaban esa misma elegancia y riqueza que las ropas del emperador, ahora que me daba cuenta no despreciaba el oro si no que me había acostumbrado a él.
—Habías planeado esto desde hace mucho—Aseguré mirando las joyas con cierto repudio, detestaba esta situación y mucho más mirarme en las manos de Augusto, no podía escapar y mucho menos negarme a sus órdenes—¿La has escogido?
—Sera la hija del cónsul de Roma—Una sonrisa torcida apareció en mi rostro, lo sabía, siempre se buscaba la manera de obtener beneficios con un matrimonio—El lado del novio propondrá un matrimonio c*m Manu (Modo de matrimonio romano en el que la mujer queda integrada totalmente al marido, tomando su religión y renunciando a la herencia del Pater Familias [El varón mayor de la familia de la novia, en este caso el padre])
—El Sine Manu (Modo de matrimonio romano en el que la mujer sigue dependiendo del Pater familias y no se rompen los lazos hereditarios) es el más apropiado para ella, si decido después divorciarme será más fácil para todos—Opiné haciendo que los ojos levemente molestos de Augusto se alejaran del oro y se centraran en los míos, la idea del divorcio a corto plazo no le había sentado nada bien.
—¿No confiaras en ella cierto?
—Nunca, si me he mantenido con vida hasta ahora es porque jamás he confiado en nadie ciegamente, cuando los intereses están en juego hasta tu sombra te abandona—Le replique casi de inmediato—No quiero que ninguna mujer se haga rica con mi muerte.
—Piensa en ella como tu compañera de vida, si antes no tenías con quien compartir tus preocupaciones y miedo ahora lo tienes—No tenía preocupaciones y mucho menos conocía el miedo, ni siquiera había parpadeado cuando una flecha se dirigía en mi dirección, no pensaba compartir nada con una mujer y mucho menos con alguien que se casaba por ambición—Además no creo que sea por ambición.
—¿A qué te refieres?
—Yo me entiendo a mí mismo—Miro la antorcha por unos segundos y camino por uno de los pasillos de la bóveda, cuando estuvo a unos escasos metros y me disponía a seguirlo se detuvo de golpe—Maximilian, el matrimonio debe llevarse a cabo por Confarreatio (Ceremonia con contenido religioso que se lleva a cabo en presencia del Flamen Dialis [Sacerdote de Júpiter]), tus padres se casaron de esa manera al igual que los de tu futura esposa así que no habrá problema.
Cerré los ojos intentando controlar el sentimiento de reclusión que comenzaba a crecer dentro de mí, mi mandíbula se apretó mientras internamente mordía mi lengua evitando hablar y decir algo de lo que me arrepentiría.
—¿Cuándo se llevara a cabo la ceremonia de sponsalia?
—En una semana—Sus acciones estaban siendo rápidas, de cualquier forma entendía sus deseos de casarme, sin embargo quería que fuera bajo mis términos y que las acciones que llevara a cabo en mi contra no fueran solamente para su beneficio—El matrimonio se anunciara para el día cuatro del mes sexto, es una fecha propicia para los dioses, así que espero que estés preparado, visita tu residencia en construcción, todo cambio que desees llevar a cabo debe ser ordenado para que esté listo antes de la fecha prevista.
Asentí con la cabeza y me dispuse a caminar, en ese momento mi zapato de piel se posó sobre algo, el articulo crujió levemente así que no dude ni un segundo en colocarme en cuclillas y sujetarlo, era un pendiente, un pendiente de oro y diamantes.
—Parece que alguien ha estado tomando lo que no le corresponde—Susurré para mí mismo.
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Glosario
La Sponsalia es una ceremonia en la que el Pater familias y el novio formalizan el noviazgo y la promesa de matrimonio, el precio de la dote y que forma legal tomara el matrimonio.