MAXIMILIAM —Maximilian... ¿Cómo pudiste hacer eso? —Me preguntó ella mientras llevaba sus manos a sus caderas, sus ojos grises no se reprimieron en demostrar su enfado, aquel hermoso vestido pegado le quedaba de maravilla así no pude evitar mirarla con lascivia. Esa mujer me iba a volver loco. Hablaba sin parar dándome a entender que no le parecía que fuese a financiar esos juegos y yo solo podía mirar sus labios y aquel escote prominente que había sido descubierto pues su palla estaba sobre la cama de la habitación, era una mujer que poseía una belleza sin igual pero a la vez era culta cuando salía de casa, eso me hacia crear un fetiche de pertenencia, eran seductoras partes que yo solo podía apreciar en la seguridad de nuestra habitación. —¿Estas escuchándome? —Preguntó haciéndome sonr

