MAXIMILIAM —¡¿Dónde está Paolus?! ¡¿Dónde?! —César llevo sus manos mientras sostenía al hombre por su toga, el asustado se sopeso la respuesta por unos segundos, pero la presión que Augusto ejercía en su cuello lo hizo decir las palabras que el emperador jamás deseo escuchar: —Lo siento César, su hermano esta muerto—Su hermano, mi padre, por primera lo veía llorar, sus ojos reflejaban un enorme vacío y de ellos escurrían las lágrimas que solo anticipaban los gritos devastadores que brotaron de su garganta cuando su consejero le dio la noticia, ahora teníamos algo que nos unía de alguna manera, la tía Livia me sostenía del hombro, ambos mirábamos la escena con dolor. Cuando sus ojos se pusieron vidriosos no pudo contenerse, llevo sus manos a la boca mientras intentaba ahogar el sollozo p

