GIA No podía ocultarlo tenía miedo, mucho miedo, mis manos temblaban sobre mi regazo mientras esperaba de manera ferviente la respuesta de mi padre quien se mantenía callado y con aquella delgada pluma en la mano, mis palabras lo habían cogido por sorpresa y estaba segura le acababan de formar una batalla en su cabeza. —¿Gia? —Me llamó a levantar la mirada mientras que mis ojos creaban lágrimas, no me había dado cuenta que estaba llorando hasta que una gota traicionera bajo e impacto en mi palla—¿Te das cuenta de lo que me estas pidiendo? —Lo hago padre. Mis ojos subieron con lentitud, necesitaba mirar su rostro y analizar su reacción con cuidado, aquel rostro levemente arrugado por el paso de los años me miraba con detenimiento, parecía estar maquilando un ciento de cosas en su cabeza

