Jason —¿Qué hace esa mujer metida de nuevo en tu casa? —reclama mi madre mientras su rostro se transforma por la rabia que emana. —Es mi esposa, madre. Esta es su casa, todo lo que tengo es de ella y te pido que la respetes como tal —respondo. No se en que momento empezó a odiarla, quizá cuando me vio destrozado, hundido buscando su rastro. Lo cierto es que cuando se la presenté la aceptó bastante bien e incluso salían de compras juntas. En medio de la nebulosa y el dolor por su partida debió anidar algún tipo de resentimiento contra ella. —Quiero traer a mis propios abogados para que revisen lo del divorcio...—afirma y una sensación de ahogo me recorre completo. —Mamá, por favor, no te metas en mi vida y mucho menos en mi matrimonio. No habrá divorcio, hemos hecho las paces con Danna.

