Reconozco que he caído bajo. Mandar a secuestrar a Danna, tenerla atada y vendada es lo peor que pude hacer...en realidad no, hay cosas peores, pero esto es grave porque se trata de mi esposa, ¡maldición! ¡No pude haberme convertido en semejante hijo de puta!. Ella se ha marchado hace casi una hora y yo sigo rompiendo cosas que encuentro en mi camino. Aun no puedo creer que el que yo consideraba mi amigo y mi ex jefe fueran capaces de hacerme tanto daño. Maldito Luke, él vio como mi vida cayó a pedazos el día en el que Danna supuestamente se había marchado con parte de los fondos que tenía guardados en el banco y aun asi no desistió de seguir dañándome. El jefe Jhonson me mostró unas fotos en las que se veía a Danna desnuda teniendo sexo con un hombre...un hombre que no era yo. ¡Maldita puta!, pensé. Todo fue un engaño, ella me debilitó como nunca lo hizo una mujer, se aprovechó de mi locura por ella, de lo que la amaba, jugó conmigo, con su cara de mosca muerta. No me importaba el dinero, era la actitud, huir como una ladrona y desaparecer aunque revolví cielo y tierra para encontrarla. Me hundí en la bebida y en las mujeres que pude encontrar para deshacerme de su aroma en mi piel, de sus gestos al amarme, de su risita inocente. Tiré la silla de madera en la que ella había estado atada hace un par de horas y la estrellé contra la pared.
Mis hombres se acercaron sigilosamente, sabían que no debían interrumpirme y dudo que me hayan visto en ese estado antes. Jamás perdía el control. Una sola vez lo perdí...por una sola persona...y aquí seguía, llorando internamente por ella.
—Señor, ¿nos mandó a llamar? —pregunta el jefe del equipo. Se había arriesgado a pesar de verme furioso. Es valiente, sin dudas. Bueno, no sería para menos, el tipo es de mi altura y su musculatura es tan imponente como la mía...y está igual de entrenado. No tendría porque hacerse de menos. La única diferencia es que yo soy su jefe y tengo muchos millones más que él. Simple.
—¿Qué mierda pasó?
—La dejamos donde nos dijo, señor. Nos aseguramos que entrara al departamento. Está a salvo.
—Voy a preguntar esto y espero que me contestes con la verdad. ¿Quién carajos la golpeó? —-vocifero y siento la furia invadirme. Casi caigo de rodillas derrotado cuando la ví lastimada. Me dolió mucho, me dolió verla tan desvalida. No se parece en nada a la mujer calculadora que me mostró aquel tipo, el de las fotos de ella desnuda teniendo sexo con otro hombre. ¿Acaso habían logrado engañarme a mí, el rey del engaño? Esto no se iba a quedar así.
—Señor...la mujer se defendió. Usted aseguró que no iba a dar problemas, pero parecía una leona. Tuvimos que actuar...—me rio con sorna, definitivamente no estamos hablando de la misma mujer.
—¿Vas a decirme que entre tres gorilas como ustedes no podían reducir a una mujer menuda como ella? ¿quieres que evalúe su desempeño? —me acerqué a gritarle en la cara.
—Lo siento, señor. No volverá a pasar —un silencio sepulcral se cierne sobre todos. Saben de lo que soy capaz, la furia ha sido mi amiga durante mucho tiempo y más de uno la ha probado:
—Por supuesto. A ella, escúchenme bien todos, nadie la toca. ¿Está claro? —todos asienten con la cabeza.
—¿Les quedó claro? —vuelvo a gritar.
—Si, señor —devuelven todos al estilo militar.
—¡Perfecto! Ahora vamos a planear lo que sigue. Traigan el informe completo. Nos reuniremos en mi despacho en una hora, lleven el equipo que sea necesario —diciendo esto giro sobre mis talones y salgo del galpón mugroso que me consiguieron para hacer lo que hice. Sus lágrimas, su vocecita triste, sus ojos que no pude ver, sus labios que se movían al hablar, todo viene a mis pensamientos. "Maldita puta, no sabes cuanto te odio...pero mierda que no puedo desprenderte de mi corazón", pienso mientras me dirijo a toda velocidad en mi auto deportivo. Debo preparar todo para la reunión. Mis conocimientos como ex oficial de policía y especialista en investigaciones nunca se fueron a pesar de haber dejado la carrera sigo aplicando en mi vida diaria. Nada se escapa de mi radar. Una sola vez bajé la guardia y aun sigo pagando las consecuencias.
Todo lo que sabía de Danna lo mandé a investigar el mismo día que la ví salir de la cocina en la cena de mi compromiso y el resto lo estaba sabiendo por ella, que su abuela había fallecido y que estaba en ese apartamento mugroso que alquilaba con su hermano Douglas, que trabajaba con ese tal Dustin Linn desde hace muy poco, un par de semanas. Que mi mejor amigo me engañó y al que consideraba un jefe honesto y recto también. Los hundiría a todos. A ella también si demostraba que no era como me decía. A mí nadie me mentiría...nunca más. Hice un par de llamadas por el inalámbrico, en una de ellas llamo a mi asistente personal Josue.
—Josué, necesito que abras una plaza laboral en mi casa, te enviaré el contrato que debes ofrecer, te contactarás personalmente con la postulante y le darás las condiciones que también enviaré. En ningún momento vas a mencionar mi nombre, ¿entendido?
—Si, señor. Me pongo en marcha ni bien me ordene —ese muchacho iba a llegar lejos sin dudas, era obediente y no hacía preguntas estúpidas y lo más importante, jamás abriría la boca.
Entra otra llamada en cuanto corto. "Lo que faltaba", digo para mí mismo pero si no respondo será peor.
—Amor, ¿en que te ayudo? —trato de fingir calma aunque por dentro tengo un volcán cuya lava quiere salirme por los poros.
—Jason, prometiste que me acompañarías a elegir el color de los trajes de las damas de honor —me la imagino haciendo un delicioso puchero con sus carnosos labios, pero en estos momentos ninguna otra mujer se me cruza por la cabeza..."Danna", resuena en las paredes de mi cerebro.
—No podré hacerlo, amor. ¿Por qué no le pides a alguna de tus amigas que lo haga? Puedes enviarme la paleta de colores de los que te gusta y elegiré los que a mi me gustan y nos pondremos de acuerdo, ¿si? —para mi gusto iba demasiado rápido. Nunca le dije en cuanto tiempo nos casaríamos, solo debía elevar mi imagen pública por el bien de mi empresa, no por otra cosa había armado el circo del compromiso. Pero no contaba con que esta mujer se lo iba a tomar tan a pecho. Veía la mano de mi madre tras todo esto, ella era la más interesada en el asunto.
—Está bien, cariño. Te veo para la cena —y colgó. No me dejó decirle que no tenía intenciones de verla por hoy, tenía demasiado revuelta mi vida en estos momentos. Seguí conduciendo como un autómata hasta llegar a mi casa. Esto, sin dudas, recién está empezando.