Con el paso de los días, la tranquilidad que había encontrado en ese ingreso inesperado comenzó a tomar forma. La cantidad significativa que había recibido en mi cuenta no solo solucionaba de manera temporal algunas de mis deudas, sino que también me ofrecía un respiro del asfixiante ciclo de estrés en el que había estado atrapada. Por primera vez en muchos meses, pude ver una luz al final del túnel; las facturas que acumulaban polvo en el rincón de la mesa comenzaron a desvanecerse, y una paz mental que no había sentido en mucho tiempo me envolvió. Sin embargo, a medida que giraba la llaves de mi auto en el encendido, el nerviosismo regresaba para atormentarme. Me preparaba para realizar otra entrega aquella noche y el ambiente se sentía cargado de adrenalina. Sabía que partes de ese pro

