Leyna Estos días pasaron volando como si el día y la noche tuviesen solo una hora. Mi corazón ya empezó a extrañar a Mario y eso que aún no se había ido. Mientras espero nerviosa a que este venga a buscarme a casa y que se despida de mí, Volker se acerca a mí antes de salir a comer con unos amigos. —¿Podemos hablar? — dijo y más nerviosa me sentí porque no sabía cuándo su amigo tocaría la puerta y entonces él se extrañaría al verlo ahí. —Si, claro. —Es sobre Amelia. Mario me contó sobre lo que ocurrió hace dos días y entre una cosa y la otra, no pude hablar contigo sobre ese asunto. —Volker, yo no sabía que ella estaba callando eso. De hecho, nunca me contó que su novio la insultaba y de vez en cuando le dejaba algún que otro moretón en el brazo. Este frunció el ceño—. ¡Hijo de puta!

