Capítulo 36

1614 Palabras

Mario A veces con una simple caricia sobre mi mejilla me traía la calma que yo necesitaba, pero ahora nada más me queda la soledad que me dejaron sus lágrimas después de haber permitido que se marchara con su hermano. —¿Estás bien, hijo? Mi padrastro llega a mí que me encontraba sentado en el jardín. —No. No estoy bien. —No te desesperes, todo tiene solución. —Después de hoy, no sé si ella me perdonará el simple hecho de haberle ocultado la verdad. —Ella tiene que entender que no te correspondía a ti decirle lo que su hermano guardó durante años. —No sé, después de lo que fui para ella y lo que ella fue para mí, creo que me gané ese derecho. Éste se sentó a mi lado—. Lucharía por ella a pesar de todo, pero lo que no podría hacer es que ella no quisiera que luchara por nuestro amor

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