uno aprende a amar, no cuando encuentra a la persona perfecta, sino cuando aprende a creer en la perfección de una persona imperfecta. Luciana. - así que eras tú quién ponía recaditos en mi casillero - le digo. - culpable - dice sonriendo. - Me encantaban - digo Estamos acostados. el en la cama y yo casi arriba de él, con mi cabeza en su pecho y una pierna arriba de las suyas. - cada vez que te hacia una estupidez. Me odiaba tanto- dice - sí te sirve de consuelo, yo también te odiaba- le digo, sonriendo. Suspira- tal vez es tonto, pero me consolaba un poco el saber que también te podía sacar una sonrisa. - ¿te confieso algo? - - todo! - dice, acariciando mi cabello. - ya sabía que eras tú, quién dejaba esos recaditos. - ¿cómo? - pregunta, mientras se levanta de la cama. - un

