Estamos a finales de septiembre y las lluvias del próximo invierno ya se avecinan. Esta mañana, el día es igual que mi estado de ánimo, gélido. No tengo ganas de levantarme de mi cama y empezar el día. Escucho a Jenny en la cocina, probablemente hablando con Saúl o Axel, quien ya debió llegar para relevar a Breiner, el pobre tuvo que aguantar mi mal humor toda la noche. Llamé a mis padres dos veces y me aseguraron que estaban bien. Les prometí visitarlos hoy, así a Pablo se le estalle una ulcera. Son mis padres y quiero verlos, no es como si fuera una niña y tuviera que pedir permiso por todo. Ruedo en mi cama y suspiro cuando las gotas de la pequeña lluvia golpean mi ventana. Será un día lento. Siempre lo son cuando llueve. Odio que llueva, esos son los días perezosos y solitarios, la

