—Deja de pensarlo tanto, harás que tu cerebro explote. —Dios —me quejo y dejo caer mi cabeza sobre el mostrador—. Ya sé a dónde puedo invitarlo, pero no tengo idea de cómo hacerlo. —Sólo dile que salga contigo —propone Simón. Le doy una mirada de muerte. —No es tan fácil. —Claro que lo es. Sólo vas, tocas a su puerta y le dices "Pablo, el sábado vamos a salir, estate listo". Algo así como lo que él hizo contigo. —Eso es poco original. ¿No me veré como una necesitada? —Necesitada estás, pero no, no lo creo. —Eres un idiota Simón —ríe Yami cuando ve mi rostro contrariado—. Estás empeorándolo. —¿Por qué se complican tanto? Sólo díselo y ya. Dudo que te diga que no. —Me preocupa lo que piense de mí. —Él sabe que tú lo espiabas —dice Simón, elevando una de sus cejas hacía mí—, creo qu

