Todo es un desastre. Todo está destrozado. Desde la vuelta de la esquina se veía a las personas y a la policía. Mi corazón ya estaba bastante acelerado cuando vi la multitud, pero ahora, frente al desastre, sólo se ha detenido. Pablo llegó antes que yo, apenas y me ve llegar, se aproxima a mí y me abraza. Besa mi frente y trata de consolarme y protegerme, pero ya vi lo que hicieron con mi tienda. Los vidrios de las ventanas han sido rotos, la puerta fue arrancada y la fachada ha sido pintada con palabras hirientes, palabras hacia mí. Perra, entre otras están escritas con pintura roja, manchando la pintura color arena de mi tienda. Pero lo peor está dentro. —Susana, no es necesario que entres —susurra Pablo, frotando mi espalda, escucho a Jenny gritar mi nombre, y luego a Simón habla

