Capítulo 38. No tienen cargos para detenerte

1216 Palabras

Aston salió a la casa de su abuela pensando que Patricia estaba allí. —Abuela, ¿Dónde está Patricia? ¿La has visto llegar? —le preguntó y la mujer negó con la cabeza. —No la he visto llegar —respondió la abuela y Aston subió las escaleras corriendo para ir a buscarla en la habitación. Abrió la puerta de la habitación de Patricia y cuando entró, vio que la cama estaba vacía, dejó caer los brazos como si de un peso pesado fuera y la consternación se apoderó de él. La buscó en el baño, en el balcón, pero no estaba. Retorno a la habitación y se recostó en el colchón, se puso una almohada en la cara y cerró los ojos, qué había pasado con él… solo él pudo haberla hecho huir. —No, no, no… no es verdad, tú no pudiste haberte ido —expresó sintiéndose angustiado. —Hijo, tal vez está en la mansi

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