—¿Se puede saber el motivo de tanta hostilidad? —preguntó Aston, mientras contemplaba la escena y comenzaba a creer que se había equivocado. —¡Eres el colmo del descaro! ¿Te atreves a preguntarme? —lo increpó ella colocándose las manos en la cadera. «No debes pelear… tienes que tenerle paciencia, respira profundo… dicen que contar hasta diez es una buena terapia… vamos a ver, uno, dos…», Aston seguía contando y ella peleando, la vio recoger las rosas y pegársela del pecho y ya llevaba cincuenta y con cada número que contaba, la rabia no disminuía, si no aumentaba. —¡Carter! —pegó un grito haciendo saltar a la misma Patricia, y provocando que el jefe de seguridad saliera corriendo a alcanzarlo. —¡Si señor! Dígame —dijo el hombre sin poder controlar su nerviosismo. —¡Su consejo fue una

