La alcanzó en un tris y se colocó a su espalda, sujetándola por los brazos, la abrazó con fuerza y apoyó la barbilla en su hombro. —No te rías de mí, mujer —le dijo en un susurro mientras le acariciaba la mejilla. —Prometo no hacerlo nunca de nuevo —respondió ella mirándolo a los ojos. —Vale… entonces te cambio mi regalo. —Le dijo él mientras se separaba y sacaba su mano con una cajita del bolsillo. Patricia abrió los ojos sorprendida y se quedó helada, tomó la caja mientras sus manos le temblaban. —¿Qué es esto? —preguntó sintiéndose con emociones encontradas. —Nos casamos y nunca… tuviste un noviazgo, un anillo de compromiso… prácticamente, te obligué… —ella lo interrumpió. —Tú no fuiste… fue él —dijo molesta. —No le guardes rencor… él en el fondo no es malo… —comenzó a decir el

