Su oficina parecía vacía, el silencio era poderoso, pero le encantaba todo lo que era poder así que no era ninguna molestia. Su jornada laboral terminó a mediados de la 6:30pm así que se dispuso a caminar hasta su auto, pero su teléfono vibró, rodó los ojos al notar quién era la remitente. -hola florecilla- contestó lo más amable que podía. -hola- contestó ella con timidez y eso lo hizo sonreír, estaba disfrutando verla comportarse de esa manera y no iba a negar que le encantaba verla tan ingenua, parecía otra persona la que ahora se había apoderado del cuerpo de Sabana "o realmente está siendo ella misma" sugirió su conciencia, pero borró ese pensamiento eso era estúpido, él conocía muy bien a la pelinegra y no se dejaría manipular por esa víbora y su cambio repentino. - ¿para qué me l

