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760 Palabras

Camino con Noah en mis brazos hacia adentro de la casa, quien hace pucheros por haberle quitado mi aro con el que estaba jugando, pero al parecer también lo hace porque tiene hambre. Subo las escaleras para la habitación, entro, encontrando a una Dacota ¿llorando? —Amor, ¿porque lloras? — llego a su lado dejando a Noah en la alfombra. — ¿N… no estas enojado? — me pregunta temerosa sin verme a los ojos. — ¿Porque debería de estarlo? — la repentina pregunta me deja confundido. —Porque... te puse en una situación difícil y.… porque me alejé hace rato de ti... — solloza limpiando sus lágrimas. —Sabes que, si me enoje, pero también sabes que estoy intentando cambiar por ti, por nosotros, por nuestros hijos, solo me contuve — le explico con sinceridad. — Así que ahora deja de llorar— b

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