El mundo de Leah estaba del revés. Ajax en la teoría era una cosa. Ajax en la práctica era otra cosa bien distinta . Había sido firme, tierno en ocasiones, exigente. Y, desde luego, todos esos años de celibato no habían afectado negativamente a su rendimiento. Sabía cómo estimular y satisfacer el cuerpo femenino. Apenas podía respirar. Habrían pasado diez o veinte minutos desde que habían terminado. Desde aquel orga*smo tan intenso. O quizá hubieran pasado dos horas. O treinta segundos. No tenía ni idea. Ajax se incorporó sobre la cama, dándole la espalda. Ella estiró el brazo y deslizó la mano por su columna. Él se levantó y Leah inclinó la cabeza para contemplar la vista. Y qué vista. Había admirado esa vista muchas veces. Cuando iba envuelta en vaqueros o en pantalones

