Capítulo 1 Llévame Contigo

851 Palabras
Era un hecho ampliamente conocido que a Serena Barwick le gustaba Randall Lambert. Sin embargo, lo que la mayoría de las personas no sabía era que durante esos cinco años de compromiso, Randall nunca había tocado a Serena. Sentada sola en la habitación privada en el último piso del hotel, la atmósfera una vez festiva ahora se sentía sofocante. Globos adornaban la habitación y la suave luz de las luces rosadas cubría las paredes. Serena había estado esperando desde las 7 en punto y ahora ya pasaban un poco después de las 9. Marcó el número de Randall, su voz tintineaba de decepción. —Randall, hoy se cumplen cinco años de nuestro compromiso. ¿Cuándo crees que podrás venir? —Estoy ocupado —fue la respuesta cortante de Randall. —¿En qué podrías estar ocupado? —Tan pronto como Serena preguntó, una voz suave se escuchó del otro lado del teléfono. —Randall, me duele. El corazón de Serena se hundió y preguntó con cautela: —¿Estás con Joselyn? —Algo le pasó a Jocelyn. Mencionar el nombre de Joselyn fue como un puñal en el corazón de Serena. —¿Por qué tienes que ocuparte de sus problemas? —No pudo ocultar la amargura en su voz—. ¿O crees que ella es más importante que yo? —¿Tienes que discutir esto conmigo en este momento? Serena sintió como si algo hubiera explotado en su mente. Sus ojos se llenaron de lágrimas y un escalofrío la envolvió. Abrió la boca después de una larga pausa. —En ese caso, cancelamos el compromiso. Esperaba que Randall al menos dijera algo para consolarla, para asegurarle que importaba. Pero en su lugar, la llamada terminó abruptamente. Serena se burló amargamente, sus ojos llenos de una profunda sensación de pérdida. ¿Qué había estado esperando? Serena tomó una botella de vino tinto abierta y dio un sorbo profundo. El alcohol le quemó la garganta, calentando su interior. Cuando finalmente salió de la habitación privada, ya pasaban las once de la noche. Sus pasos eran inseguros y el pasillo tenue parecía balancearse con sus movimientos. Mientras se tambaleaba hacia el ascensor, Serena se dio vuelta y vio a un hombre parado justo afuera de la puerta. Estaba vestido impecablemente con un traje n***o que acentuaba su alto y bien formado cuerpo. Sus rasgos faciales cincelados llevaban una expresión seria, lo que solo añadía a su presencia imponente. La mirada intensa del hombre se clavó en ella, haciendo que Serena se sintiera expuesta bajo su escrutinio. Llevaba un vestido azul ajustado que resaltaba sus curvas y un rubor rosado coloreaba sus mejillas. Sus ojos en forma de almendra, cejas finas, cintura suave y piernas delgadas eran seductoras mientras se asomaban desde la abertura deliberada de su falda, dándole un toque de sensualidad con cada paso. A pesar del aliento alcohólico y del desaliño de su apariencia, Serena irradiaba una mezcla única de provocación e inocencia. Los ojos oscuros del hombre se volvieron aún más intensos, pero no se movió para entrar en el ascensor. Sin embargo, Serena, con un repentino arrebato de valentía, dio dos pasos hacia él. Con un movimiento rápido, extendió los dedos y enganchó su corbata, atrayéndolo hacia ella. El hombre fue arrastrado al ascensor por su inesperada audacia. Al siguiente instante, Serena se arrojó a sus brazos, su cálido cuerpo presionándose contra él, haciendo que los músculos de su cuerpo se tensaran en respuesta. Se quedó inmóvil, abrumado por la cercanía inesperada, mientras el aroma del alcohol y su irresistible atracción lo rodeaban. Perdido en un ensueño, el hombre se sintió desprevenido cuando la persona en sus brazos se elevó de puntillas y presionó sus labios contra los suyos. Su beso era suave y cálido, con cierta urgencia. Sin embargo, su inestabilidad amenazaba con romper su abrazo. Justo cuando estaba a punto de escapar de su agarre, él la rodeó rápidamente con los brazos, evitando su caída. El cuerpo de Serena ahora estaba presionado contra el suyo, y su corazón latía rápidamente. A medida que la bruma del momento se disipaba, el hombre presionó a Serena contra la pared del ascensor, el frío metal detrás de ella en marcado contraste con el calor de su beso apasionado. Su beso era ferviente, posesivo e intenso, como si estuviera reclamando algo. Un suave zumbido, señalando la llegada al primer piso, detuvo momentáneamente su pasión. El beso se rompió, pero el aire entre ellos estaba cargado de deseo no expresado. Los dedos de Serena permanecieron enredados en la corbata del hombre mientras susurraba: —Llévame contigo. Con ella tan cerca, su cuerpo suave apoyado en su pecho, su aliento lavando su rostro, la tentación colgaba palpablemente en el aire. Los ojos del hombre se oscurecieron con una mezcla de hambre y contención, su mirada fija en ella. Había momentos en la vida en los que las palabras eran redundantes, y los adultos podían comunicarse a través del lenguaje silencioso de la intención compartida. La audacia sin disculpas de Serena solo fortalecía esta conexión no expresada, profundizando la ambigüedad entre ellos.
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