Serena se paró en la entrada, su rostro visiblemente pálido. Esta casa fue adquirida por Randell hace tres años, y la extensa renovación le había costado un esfuerzo considerable. Sin embargo, aquí estaba Randall, abrazando a otra mujer y disfrutando de su intimidad. A pesar de que se recordó firmemente a sí misma que no debía sentir tristeza por este hombre despreciable, sentía como si un cuchillo se retorciera en su corazón. La vista era un doloroso recordatorio de su relación rota. La mujer en el regazo de Randall notó la interrupción repentina, rodeó sus brazos alrededor de su cuello y comenzó a desvestirse de manera provocativa. —Señor Lambert… —llamó la mujer a Randall con una voz dulce y seductora. —Vete —ordenó Randall secamente, acariciándole el trasero. Aunque la mujer parecí

