A Serena no le importó el cinismo de Macey. Se dio la vuelta para marcharse, pero alguien la agarró de la mano. —Serena, eres tú de verdad —exclamó Rachel mientras sostenía con fuerza la muñeca de Serena. Su emoción era palpable—. ¿Dónde has estado todos estos días? Te he estado buscando, llamando, enviando mensajes y no sabes lo preocupada que estaba. Después del incidente del hotel, Serena había aprendido a no dejarse llevar por unas palabras de Rachel. A pesar de los años de afecto entre ellas, Serena mantenía sus emociones bajo control, los ojos llorosos, la garganta apretada, pero la voz firme. —Señora Barwick, por favor, déjeme ir —pidió Serena. —¿Cómo me has llamado? —Los ojos de Rachel se llenaron de asombro. —Mamá, ¿por qué te preocupas por ella? Déjala ir —le instó Macey des

