Nuestro Hilo, Nuestro Comienzo

1330 Palabras
"...hubo una gran guerra en el mundo y cuando creyeron que no tendría fin, en sus meñiques se plantaron hilos rojos, y temieron por sus vidas..." —Ahora sabemos que no era una sentencia de muerte, ese hilo salvó miles de vidas y cambió todo lo que conocemos y como nos manejamos en nuestro diario vivir—la profesora de historia se encontraba inspirada Aunque la clase de historia nunca ha sido interesante, al menos la "era del hilo rojo", antes de eso, la historia es mucho más interesante. No es que no me pueda concentrar, pero esa chica se ve hermosa sin duda alguna. Seguramente no estamos en la misma carrera, es la primera vez que la veo, y cada vez que hacemos contacto visual, se sonroja un poco. —Con eso concluye la clase, recuerden que la profesora Peters les asignó una investigación para la próxima clase—dice la profesora asistente No me había dado cuenta que es la asistente, así de poca atención logré prestar. La chica de ojos rasgados estaba arreglando sus cosas en su bolso cuando me acerco para hablarle. —Hola—me ve y sonríe—¿No tienes las anotaciones de la clase pasada? —No creí que la profesora empezaría desde la primera semana—se monta el bolso al hombro—¿Ya tienen algún grupo de chat al cual pueda unirme? —No hay grupo, pero puedo pasarte la información—le paso mi celular para que anote su número—La profesora Peters es excelente, es la segunda vez que tengo clases con ella Estamos saliendo del salón, le abro la puerta para que pase y me espera, camino a su lado. —Entonces no me tengo que preocupar por si es estricta—dice a mi comentario anterior —Oh, igual te tienes que preocupar, nada más que te puedo ayudar con las dudas que tengas—reviso mi reloj, voy tarde a mi trabajo—Me debo ir —Espera, ¿cuál era tu nombre?—me ha tomado la manga del abrigo—Yo soy Lilica Moon —Adeli Melt—sonrío—Gracias por preguntar, Lilica—tomo la mano que había sujetado mi abrigo, le doy un corto beso en la mano y me despido—¡Nos vemos! Voy tarde, y no importa porque tengo el número de una chica bonita. ¡Qué bueno que tuve que tomar otra materia optativa! Estoy de camino a mi trabajo en el bus, le escribo un mensaje y me responde a los pocos minutos. Puede que sea ella, la dueña del otro lado de este hilo rojo que está atado a mi meñique. Estoy pasando por un atajo que encontré hace dos semanas cuando parece que al final del callejón alguien esta discutiendo, y no pienso meterme hasta que la otra persona es arrojada al suelo de forma brusca, sin saber de que se trata, le arrojo uno de mis zapatos (del trabajo, que llevo en mi bolsa) a la cabeza, en lo que de distrae, corro, tomo de la muñeca al chico en el suelo para levantarlo, recojo mi zapato y cuando el condenado atacante quiere acercarse, le tiro el otro zapato a la entrepierna, lo que meda más tiempo porque queda paralizado unos segundos en los cuales tomo el zapato y salgo corriendo con el chico y mi zapatos en la otra mano. Me detengo cuando estamos casi prácticamente frente a mi trabajo, le suelto la muñeca y veo como parece que se caerá, logro apañarle a tiempo. Un tirón a mi meñique y veo como mi hilo rojo se une al suyo. —¡Adel! ¿De quién huyes?—mi jefe me ha visto y reaccionó rápidamente—Déjame ayudarte—toma mi bolso E intenta ayudarme con el chico, se encuentra jadeando. —Llama una ambulancia—le digo a mi jefe Lo hace y logro que el chico se siente, tiene un golpe en la cara, su respiración agitada, y los ojos cerrados fuertemente. —Ey—intento que reaccione—Ya llamamos a una ambulancia, por favor, responde si me escuchas Asiente con la cabeza. —Muy bien, ¿te sientes débil?—vuelve a asentir—Permíteme—le subo un poco la manga del suéter y tomo su ritmo cardíaco con mis dedos Cuento en mi mente, está un poco agitado, pero no de una manera peligrosa, quizá fue el shock. —¿Tienes algún inhalador o medicación contigo?—niega—¿Eres alérgico a algo?—asiente—¿Aines?—vuelve a asentir—Permíteme nuevamente—toco su frente Fiebre. Alta. —Ya está llegando la ambulancia—dice mi jefe—¿Cómo se encuentra? —Tiene fiebre—respondo La ambulancia llega cuando digo aquello y veo a una de mis instructoras salir para atender... —Situación—exige de la misma manera que cuando estamos en clases —Debilidad general, fiebre alta, ritmo entre 80 y 90, alérgico a antiiflamatorios no esteroideos—respiro —Bien—responde y se acerca—Vamos al hospital—me ayuda para levantarlo del suelo —Me reportare más tarde, jefe—me despido como puedo —No te preocupes por el trabajo—responde Estamos en la ambulancia, lo acomodan en la camilla, no suelta mi mano, mi instructora me pasa un medidor de oxigenación y al ponerlo en su dedo, marca bajo. —Oxigenación baja—digo y mi instructora me pasa una mascarilla para que se la coloque sobre la nariz—Necesito que alces un poco tu cabeza—lo hace y acomodo la mascarilla Mi instructora asiente y se cruza de brazos, sentándose frente a la camilla. —Joven, ¿cuál es su nombre?—niega con la cabeza Le hago una seña con la cabeza en dirección a la bolsa que le quite de la espalda para sentarlo mejor, ella revisa y encuentra su identificación. —Por favor, dime tu nombre—sigo sin soltar su mano Abre sus ojos y me ve, se ve asustado y nervioso, aprieta mi mano. —J-Johan Rein—susurra —Soy Adeli Melt, estamos de camino al hospital, mantente consciente unos minutos más—asiente—Te pondrás bien, ya verás Llegamos a urgencias. . . . Las siguientes horas son una ráfaga, los doctores consiguieron su historial rápido gracias a que mi instructora les pasó su nombre mientras estábamos de camino. Llaman a algún familiar también, no es hasta que logran estabilizarlo que me relajo y me quedo esperando, haciendo la encuesta del hilo rojo con una mano, porque después de que le hicieran los exámenes necesarios, nos dejaron en una habitación de hospital junto con otros pacientes unidos a su hilo. —Adeli—tu voz es débil, pero te escucho—Gracias por ayudarme—solo asiento Sigo un poco en shock por todo lo ocurrido, no crei que conocería a mi pareja de hilo rojo de este modo. —¿Te sientes mejor?—asientes—Eso es más que suficiente para mí—suspiro aliviada Fue muy tenso todo, especialmente porque me encontré con mi instructora. Deshidratación e infección respiratoria. Suena extraño que sean ambas al mismo tiempo. Alguien abre la puerta de la habitación, no se trata de una enfermera o un doctor, va buscando entre las camas hasta que te ve. —Joy—dice y se acerca para tomar tu mano—¿Qué pasó?—me ve y luego el hilo rojo, pero también el golpe—...¿acaso? —No, mamá, ella me ayudó—suelto su mano para extenderla por sobre la cama en dirección a ella —Adeli Melt, estudiante de urgencias médicas—estrecha mi mano—Lo encontré en mal estado físico Johan me ve. —Muchas gracias por ayudar a mi niño—dice con voz suave Asiento. Esto es muy extraño.
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