Jasha estaba acostado en una cama. No era su cama, tampoco era la de un hotel de lujo, tampoco era la cama de un pordiosero, solamente era una cama en medio de la nada. —¿Despertó? —preguntó la chica de pelo azul que cada día podía caminar más. —No. Disminuí la cantidad de calmantes, pero cada vez que abre los ojos, se vuelve loco. —Debes quitarle los calmante —dijo Olga que sostenía una jarra con agua fresca para todos. —Nos va a matar cuando lo haga. —No —afirmo la mujer—. Nos iremos de aquí, dejaremos que destroce este lugar y luego volveremos cuando se haya calmado. —Pero... —Es una orden —dijo Olga con esa templanza que siempre demostraba en los casos en los que todos parecían perder la esperanza. —Olga —Andrei la llamo a un lado—, no puedo dejar que hagas esto, Jasha no e

