Fergus soñaba. Estaba helado hasta la médula, acurrucado en su capa cuando Yves relevó la guardia, pero él soñaba con Jerusalén. Recordaba el calor del sol, el polvo, las moscas, el olor de buenos caballos y estiércol. En el ojo de su mente, entró en los establos de los Templarios. Él encontró a Bartolomé discutiendo con un muchacho en el establo del caballo de Gastón. Él había visto antes al muchacho en los establos y él sabía que era un sarraceno además de amigo de Bartolomé. Fergus escuchó a escondidas, porque ellos no se dieron cuenta de su presencia. Para su sorpresa, el joven era, de hecho, una muchacha y estaba decidida a salir de Jerusalén. Leila. Fergus se despertó de repente con una fuerte sensación de fatalidad. Sus pensamientos estaban tan llenos de recuerdos de los establ

