—¿Por qué los gritos, mi dulce verano?—Inquiere la voz desagradable de la madre de Vanko, puedo deducir que está entrando. Y yo... Me abrazo nuevamente al amor que siento por mí misma y que tanta falta me ha hecho por tanto tiempo... ¿Cómo he sido tan tonta? ¿Cómo he sido capaz de sacrificar tanto por un hombre imbécil que no me valora? Salgo de un portazo del baño donde me he estado vistiendo. —¿Quiere saber que sucede, Bogdana?—, que su hijo es un maldito cabrón bueno para nada, no merece nada de lo que tiene en su jodida vida, por ser falta de respeto, ruin, inescrupuloso y sin ninguna clase de amor por la humanidad. —, ¿y sabe cuál es uno de los principales motivos de que sea un ser tan despreciable?—Le grito a la señora en sus narices y su rostro luce turbado y confuso. —Cál

