C.7

336 Palabras
Victoria Esto era obra de Antonio, esta seguro. -Bien chicos, sujeten sus cinturones que lo que estoy a punto de hacer no esta permitido ni aqui ni en china- Mala idea. Siempre tenia malas ideas. -¡¡¡Vamos a morir!!!- gritaba Joseph desde que se dio cuenta del pequeño problema. -Nadie va a morir- grito Frank, estaba mas palido cuál fantasma. Sólo tenia que llegar al jardín, y se que se preguntaran y ha esta loca que le pasa, nada del otro mundo. SOLO EL AUTO QUE  SE QUEDO SIN FRENOS. -¡Quitate!- se que era imposible que aquel chico me escuchara ya que iba sumido en sus pensamientos, y además quien se imagina que un auto vendra a derrapar en el pasto, nadie. Exacto. -¡Cuidado!- grito Frank. Pobre, tendria que llevarlo a un hospital. Tal vez una ambulancia sea mas segura que mi auto. El árbol estaba en mi campo de visión, pero nada en mi cerebro hizo clic. -¡Ahhh!- cuatro gritos. Todos me siguiero cuando decidi soltar el volante y tapar mis ojos. El panico me invadió. Las bolsas de aire se abrieron en cuanto el auto toco el árbol, las ramas caian provocando un ruido insoportable. -¿Estan bien?- mire a mis hermanos y me toque yo, estaba completa. -¡Otra vez!- grito Gustavo quien reia descontroladamente. Todos reimos con el, su buen humor nos contagio aun en esta mala pasada. -¿Estan bien?- una voz llego a mis oidos, no la conocia, sus nudillos golpearon el cristal de mi ventana. -¿Quien es el?- preguntaron todos, yo le daba la espalda e ignoraba el hecho de alguien fuera de mi auto, oh bueno, los restos de el. Mis cabeza se giro, viendo fuera de mi auto a un chico rubio, ojos miel y su preocupación a flor de piel. Solo que algo no estaba bien. El hecho de que algo caliente caia por mi frente y que todo se volvia n***o.
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