**THAYER** La casa de mi abuela siempre había sido un refugio para mí, un lugar donde el ruido del mundo se apagaba y las cosas parecían más simples. Pero esa tarde, cuando crucé la puerta, todo lo que llevaba dentro estaba a punto de explotar. No era yo mismo; era una versión de mí que no reconocía, dominada por la rabia. —¡¿Por qué lo permites?! —solté apenas vi a mi abuela sentada en su sillón de siempre, con su taza de té entre las manos. Ella levantó la mirada, tranquila como si no hubiera un huracán desatándose frente a ella. Esa calma suya, que normalmente me daba paz, esta vez me hizo hervir más. —No entiendo cómo puedes quedarte ahí, como si nada —continué, caminando de un lado a otro, sintiendo que las palabras se atropellaban en mi boca—. Papá está destrozando todo. ¡Todo!

