**THAYER** Su voz se quebró al final, y yo sentí como si alguien me hubiera dado un puñetazo en el estómago. Porque sabía que tenía razón en parte. Sabía cómo era la gente. Sabía lo crueles que podían ser los comentarios, las miradas de juicio disfrazadas de preocupación. Pero también sabía algo más: casarnos por las razones equivocadas sería un error monumental. —No estás sola —dije finalmente—. No voy a abandonarte ni a dejarte enfrentarlo todo tú sola. Pero Beatriz… casarnos solo porque tenemos miedo no es la respuesta. No quiero que te sientas obligada a estar conmigo por lo que piense la gente o por lo que haya pasado. Ella negó con la cabeza y apartó la mirada. —No lo entiendes —murmuró—. Tú siempre puedes irte cuando quieras. Siempre tendrás opciones. Yo no. Quería decirle que

