**SERAPHINA** Estaba acostada junto a él, sintiendo la calidez de su brazo bajo mi cabeza, como si fuera la almohada más segura del mundo. La habitación estaba envuelta en un silencio profundo, ese tipo de silencio que te obliga a enfrentarte contigo misma, a escuchar tus pensamientos más sinceros. Sabía que tenía que hablar, que debía abrir mi corazón, aunque el miedo a ser vulnerable me hiciera querer callar. Respiré hondo, tratando de reunir el valor necesario. Mi corazón latía rápido, como si quisiera salir corriendo, pero no podía seguir guardando lo que sentía. Lo miré de reojo, buscando en su rostro esa chispa de comprensión que siempre me daba fuerzas. —Eres mi único amor —confesé al fin, con una voz baja y temblorosa, pero cargada de verdad—. No volveré a cometer ese error, te

