Trabajar y trabajar, eso es lo que han hecho durante estos días, avanzando muchísimo, creando nuevos armamentos, y además intentando buscar un aparato que produzca un portal o una manera para traspasar a la otra dimensión.
Todo transcurría dentro de los estándares normales, hasta que ocurrió un fuerte temblor que sacudió todo el planeta, desconcertando a los geólogos. Quienes después de horas de análisis dieron por conclusión que eso significaba que la conjunción planetaria estaría entrando en su recta final en la que un mundo sería destruido por el otro y que sería este. Aunque el otro tampoco saldría ileso, pues era como si un cuerpo que estuviera dentro de otro se expandiera; al salir no solo lo rompe, sino que causa daños en su integridad al romper el cuerpo que lo contenía; algo así lo explicaban. Por fin, la teoría de la doctora Yací cobraba sentido; también la angustia de Altares, quien parecía preocupado por este suceso, mientras que líderes como Rodríguez solo se preocupaban por ser recordados en la historia como los más grandes de entre los grandes. Y Pólux, quien había demostrado ser un tipo frío y mentiroso, que les mintió sobre que eran extraterrestres y que tenían mejor tecnología. El que miente en algo tan pequeño, miente en todo. Y al ser la contraparte del presidente Rodríguez, quien sabe que más podría ocultar, seguro es que fuera igual de marrullero. Estos y otros planteamientos provocaban que Estiben se cuestionara si de verdad habría elegido bien de bando, si quizás lo que debió de haber hecho era negociar con el dictador Pontón para que un buen cargo en su gabinete, tal vez eso era lo que tenía que pedirle a Rodríguez, igual como decía el «toca trabajar con lo que hay».
De esta manera tendría unas tareas pendientes, la de salvar a los planetas de una hecatombe, la de encontrar la forma de hacer los portales que pedía Rodríguez y, la más importante, rescatar a su amada Yací, para finalmente llevársela a vivir a una hermosa isla en alguno de los dos mundos; no importaba el lugar, solo que estuvieran juntos.
Fue visitado otra vez por el presidente Rodríguez, quien en chaqués de saludarlo trataba de ocultar sus verdaderas intenciones de ver sus avances, pero esta vez llegó acompañado de su esposa, una preciosísima mujer, con el cabello rubio que parecía de oro y un cuerpo perfectísimo. Lástima que no se podía admirar bien, puesto que se hallaba postrada en una silla de ruedas. A la cual el presidente se la presentó como la dueña de su corazón de esta manera:
—Estiben, le presento a mi mayor orgullo y el principal motivo para salir adelante: ella es la dueña de mi vida, mi primera dama Yaqui, quien, aparte de hermosa, es muy inteligente, fue reina nacional y cuenta con un doctorado.
La señora por unos momentos miró a su esposo, pero fue como si le descargara toneladas de odio. Luego volteó la mirada hacia Estiben para mostrarle una sonrisa muy fingida y declararle: —Me honra conocerlo, es un verdadero honor, lástima que no pude presentarme antes, cuando no estaba lisiada, debido a ese atentado terrorista, del cual gracias a que soy muy devota me salvé de morir; usted también debe de tener a muchos santos; supe que también se ha salvado de muchas penurias y desventuras.
El científico se acercó, sonriendo hipócritamente, pronunciando estas palabras: —Para mí es un honor conocerla, realmente usted hace gala del refrán que dice “detrás de un gran hombre hay una gran mujer”, realmente el presidente tuvo mucha suerte al conocerla y que usted tuviera muy mal gusto para los hombres es una broma, muy mala, pésima.
La primera dama, mostrando desdeño, siguió con su discurso, ignorando las bobadas: —¿Es cierto que estuvo trabajando para nuestros enemigos? ¿Lo obligaron?, ¿acaso fue torturado para que les soltara información? ¿Es verdad que un espía dañó la misión? ¿Les dijeron el nombre de la espía?
Estiben, guardó silencio aterrado. Esa no era una charla, era un interrogatorio. Tal vez la señora se estaba tomando a pecho su cargo, o tal vez ocultaba algo. Así que trato de contestarle con otras preguntas, para sacarle algo: —Vaya, es muy reconfortante saber que ustedes se cuentan todo; uno no debe de tener secretos con la esposa, pues no fui ni forzado, ni torturado; solo un científico llamado Lucinio se ganó mi confianza. Él era parte de un plan para sacarme muy fácil los secretos debido a que yo no quería colaborar con ese régimen, ¿y ustedes ya saben quién es la espía?
La primera dama trató de levantarse de su silla de ruedas y comenzó a manotear. Con un tono furioso le contestó: —Y usted, ¿cómo sabe que es una mujer? No, más bien será que usted le dijo todo a su monstruoso amigo.
Estiben le cogió la cara con sus manos, para contestarle a manera de quién da la estocada final: —Señora, mil perdones, si le dije algo que la ofendió, se nota que usted es muy inteligente, aunque no me explica usted cómo supo que Lucinio no se encontraba en la misma dimensión que yo, y no sé si el espía es hombre o mujer, simplemente escuché que era una persona muy cercana al presidente, del cual él nunca sospecharía.
La primera dama Yaqui finalmente se levantó para intentar golpear a Estiben, logrando no solo lastimarse su delicada mano de dama contra el recio cutis de un hombre dejado, sino también quedar en evidencia que estaba fingiendo ser una minusválida.
El presidente, muy sorprendido y alterado, le gritó: —Yaqui, ¿cómo así? Eso quiere decir que tú has sido la maldita espía que todo este tiempo ha estado conspirando contra mí y que le has hecho tanto daño a mis planes. No puedo creer que mi propia esposa sea una cuchilla en mi vida, ¿por qué si yo te amaba más que a la luna y a las estrellas?
Yaqui exhaló profundo, limpiándose las lágrimas con la mano derecha, mientras que con la izquierda le comenzó a chuzar la cabeza con las uñas del dedo índice a manera de máquina de coser. Le contestó gritando muy fuerte: —¡No me digas, estupideces, tú no me amabas, sí, yo te traicioné, lo acepto! ¡La verdad, yo te quería, pero te vi muerto, ya no aguanto más esta culpa, pero es que estaba cansada de que ni me tocaras, te inventabas mil excusas para no cumplir con tus deberes maritales, todo porque te la pasabas revolcándote con tu asesor! ¡Maldito, muchas veces los vi copulando en su oficina, incluso una vez él me sonrió al darse cuenta de que los estaba viendo; sin embargo, me tragué mi rabia, la ahogué con cocteles, todo para no afectar tu mandato! ¡Pero día a día el fuego del rencor crecía; traté de apagarlo también con lujos y viajes! ¡Sin éxito terminaba llorando frente al espejo, sin explicarme cómo fuese posible que yo, una de las mujeres más bellas de este país, con mil pretendientes, y terminé casada con una mariposa que ni me tocaba para polinizar; no sabes cuánto te odio y te desprecio!
El presidente entró en un profundo llanto desconsolado, lanzó con un puntapié a la silla de ruedas, y abrazó a su esposa muy fuerte, diciéndole: —Por favor, perdóname, mi intención nunca fue herirte. Solo que no pude luchar contra mis verdaderos gustos; además, no hubiera ganado las elecciones si no aparentara tener una familia tradicional; por favor, perdón por todo lo que te hice sufrir y por todo lo que sigue.
Él la soltó para hacerles una seña ejecutoria a sus fieros guardaespaldas, los cuales se la llevaron, a pesar de que ella, inútilmente, pataleaba y pedía perdón, tratando de resistirse.