CAPÍTULO 33

1152 Palabras

Ebba no entró a la habitación de invitados donde el conde descansaba, no podía empeorar su imagen frente a los ojos de su esposo, simple y sencillamente se limitó a esperar a que Teoh saliera y le informara cómo estaba el hombre que amaba. Mientras su mente se debatía entre la preocupación que le generaba no poder constatar con sus propios ojos que él estaba bien y el temor de haber empeorado una situación que, desde el instante en que recuperó sus recuerdos, ya le sonaba complicada. Después de lo que pareció una eternidad, Teoh salió de la habitación con una expresión seria pero calmada, devolviéndole un poco de paz a la joven a quien el niño miraba con disgusto. —Él está descansando ahora —informó en un tono bajo pero firme el niño cuando su madre le preguntó por él—. Según el médico r

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