-Katy Bell-
La casa estaba completamente a oscuras cuando cerré la puerta tras de mi.
Ese silencio no era incomodo, era familiar. El tipo de calma que solo existe en los lugares donde has sido feliz y has llorado sin testigos. Me quite los tacones con cuidado y los deje junto a la entrada, como si hacer ruido pudiera romper el recuerdo que aun flotaba en mi pecho.
Todo olía a hogar.
Subí las escaleras lentamente. sosteniendo el saco que Dominick me había prestado como si fuera algo frágil. Todavía conservaba su aroma, una mezcla profunda y extrañamente reconfortante, como bosque húmedo después de la lluvia. No sabia porque, pero no quería soltarlo todavía.
Entre a mi habitación y encendí la luz tenue del buro.
El espejo me devolvió una imagen que apenas reconocí. El maquillaje seguía intacta, el vestido n***o aun abrazo mis curvas, pero mis ojos... mis ojos parecían distintos. Mas despiertos. Como si algo se hubiera acomodado dentro de mi sin pedir permiso.
Me senté en la orilla de la cama y respire hondo.
Dominick.
Su voz, su risa contenida, la forma en que me miraba cómo si yo fuera invisible en un mundo lleno de criaturas extraordinarias. Como si no fuera solo una humana mas.
Negue con la cabeza, intentando bajarme de esa nube.
-No te ilusiones -me dije en voz baja-. Fue solo una noche.
Pero mi mano se movió sola hacia el celular.
Tenia su numero.
El pensamiento me hizo sonreír sin querer. Me deje caer de espaldas sobre la cama y mire el techo, recordándome cada segundo en el jardín, el columpio, las flores moradas brillando bajo el domo de cristal.
La flor.
Lavanda.
El recuerdo me apretó el pecho.
Me levante y abrí la ventana. El aire nocturno entro suave, moviendo ligeramente las cortinas. La Luna seguía ahí, enorme y brillante, como si no se hubiera movido desde que salí del palacio.
-Que noche tan extraña -susurre.
Me quite el vestido con cuidado y lo colgué, como si hacerlo bruscamente pudiera borrar lo vivido. Me puse una camiseta vieja y me metí bajo las cobijas. pero el sueño no llegaba.
Cerré los ojos.
Y entonces ocurrió.
Una presión suave en el pecho, no dolorosa, pero intensa. Como si algo me llamara desde muy lejos. Mi respiración se acelero por un instante y abrí los ojos de golpe.
-¿Que fue eso...? -murmure, llevándome la mano al cerrazón.
Nada mas ocurrió.
El silencio volvió.
Me gire hacia el buro y tome el saco de Dominick, acercándolo a mi. Me sentí un poco tonta por hacerlo, pero no me importo. Cerré los ojos de nuevo. respirando su aroma.
Por primera vez en años. el recuerdo de mis padres no dolió.
Por primera vez el futuro no me dio miedo.
No sabia que era Dominick para mi.
No sabia si volvería a verlo.
No sabia si esa conexión era real o solo una ilusión bien vestida.
Pero algo dentro de mi susurraba una verdad sencilla y persistente:
Esa noche no había sido solo un baile.
Había sido un comienzo.