Narra Maria Necesito convencer a Mina de que regrese del muelle. Lleva parada allí, mirando el agua, diez minutos. No puedo creer que haya tirado las llaves al agua y que haya gritado porque la dejé. Aparte de zambullirme en esa agua repugnante, no se puede hacer mucho con las llaves. Y aunque pudiera soportar nadar en esa porquería, dudo que pudiera encontrarlas. —Mina —le digo en voz baja—¿Por qué no vuelves aquí? Podríamos tomar algo para picar–no importa que acabemos de almorzar. Necesito recuperarla. Una vez que esté a salvo en la tierra y lejos del estanque, pensaré en cómo puedo sacarnos de esta situación—.Tengo hambre —le digo—¿No has traído algo para picar? ¿Huevos duros? ¿Muffins? ¿O algo divertido para beber? —Sí —asiente lentamente. Está volviendo a la normalidad. Mientras

