Por la tarde me encontraba en un estado de ánimo de mierda. Hacía más calor que en el infierno fuera, desde la oficina de Brian había una mejor vista. —Eres un jodido imbécil —dijo, pinchando su pollo. Se rió y empujó un enorme bocado de su comida en la boca. —¿Esto es sobre mis vistas otra vez? —Mierda asquerosa. —señalo mis palillos en su cara, apenas capaz de entenderlo alrededor de toda la berenjena picante. —Recuérdame de nuevo ¿cómo terminaste con esta oficina? —Tú hiciste el recorrido tarde. Puse la placa de identificación en la puerta. Boom. Las mujeres que había conocido sabían quién era, sabían que era lo que pensaban que quería. Para una ciudad tan grande, Nueva York a menudo se sentía minúscula. El era un completo idiota. Yo siempre había sido tan abierto a una relación co

