—Pfff —Marcus suspiró Estuvo todo el fin de semana pensando cómo viviría la ausencia de la señorita Larsson durante el resto de la semana. Por un lado sería agradable estar en el trabajo sin distracciones, pero por otro se pregunto si se sentiría raro al no tenerla. Ella había sido una constante en su vida durante casi un año y, a pesar de sus diferencias, saber que estaba por allí en la oficina se había convertido en algo reconfortante. Lissa entró en su despacho a las nueve en punto, sonriendo ampliamente al acercarse a él. La seguía una morena atractiva de veintitantos que le presentó como Mia, su asistente temporal. Ella lo miró con una sonrisa tímida y Marcus no paso desapercibido cómo Lisa le ponía una mano en el hombro para tranquilizarla. Decidió que iba a utilizar aquello como

