Me encuentro sonriendo. Mi rostro está iluminado y esa sonrisa boba en mis labios, la veo reflejada en la ventana de mi habitación; bajo mi cabeza y miro la nueva notificación que me ha llegado. Mi corazón inquieto se acelera y mis manos aprietan el móvil, no sé porque tengo temor de leer su respuesta. Nunca he tenido estas absurdas emociones, me siento confundido y extraño. Me ha llevado un largo tiempo aceptar mis sentimientos y actué como un verdadero imbécil, la lastimé, incluso la rechacé dos veces dándole excusas tontas, pero me negaba arruinar nuestra amistad por algo que no sabía si funcionaria, tampoco me importaron sus estúpidos sentimientos prohibidos. Tratamos de dejar en el olvido la situación, ignoré sus sentimientos y seguimos siendo amigos, cada vez la sentía más distante

