CHELSEA. —Mucho gusto, me llamo Oliver —se presentó. —. Y no te preocupes, no te haré nada, puedo ser un desconocido, pero te aseguro que no soy esa clase de persona. —se adelantó a decir. —Eso diría alguien peligroso. —expuse, su expresión es seria. Lo vi soltar un suspiro y negar con su cabeza. Metió su mano en uno de los bolsillos de su pantalón deportivo y sacó una billetera oscura. Tardó varios segundos encontrar lo que estaba buscando y cuando por fin lo encontró, me enseño su identificación y observé que teníamos la misma edad. —Eres de las pocas personas que cuando salen a hacer deporte llevan su identificación. —comenté, me sonrió. —Uno no sabe con que puede encontrarse en el camino—respondió. —. Ya pudiste comprobar mi identidad. —Eso no revela nada, no lo tomes a mal, pe

