Capítulo Ocho: ¿Síntomas o manifestación? — Parte uno.

1197 Palabras
Capítulo Ocho: ¿Síntomas o manifestación? — Parte uno. Diciembre de 1846. Solange Roussel. Termino de estilizar mi cabello yo misma. No me gustan los grandes peinados, prefiero algo simple, junto un solo adorno para el cabello, ya sea una tiara o una flor de algún tipo. Hace una hora y un poco más el salón y las salas a las que también podrán acceder los invitados estuvieron completamente listas. Su alteza cumplió su promesa y aquellas cosas que antes faltaban y parecían difíciles o imposibles de hallar, él ayudó a obtenerlas, pero no he tenido la oportunidad de poner agradecerle en persona la ayuda que tanto me negaba a recibir. Aliso mi vestido con mis manos y me miro una última vez en el espejo con intención de salir de mi habitación ya, pero los golpes en la puerta me detienen. —¿Solange? —pregunta mamá mientras entra en mi habitación—. Estás preciosa, hija. —se ubica enfrente mío y acaricia mi mejilla izquierda con su mano—. Hiciste un gran trabajo, tú padre y yo estamos orgullosos. Tanto Mélodie como tú han hecho maravillas con la tarea que se les asignó. —Gracias mamá, aunque he de decir que lo logrado ha sido un trabajo en equipo, todos los involucrados aportaron un poco para que todo resultara perfecto. —menciono y ella asiente. —Oí que recibiste la ayuda de su alteza. —suspiro al recordar nuestra última conversación —. ¿Es eso cierto hija? —pregunta mamá con una curiosidad bastante clara. —Sí, su alteza fue muy amable al prestarme su ayuda y poner a mi disposición a uno de sus guardias. —le cuento. —¿Entonces qué es lo que le sucede a tu linda y hermosa cabecita? —pregunta acariciando parte de mi cabello, frunzo el ceño—. Soy tú madre, Solange, claro que voy a notar cuando mi hija me necesita pero ni ella parece saberlo. —luego de decir se acerca a abrazarme como si estuviera arrullando a un bebé recién nacido. —Creo que actué mal con su alteza, mamá. No fue mi intención y no creo que haya una justificación para mis actos, pero en serio no fue algo que hice a propósito... —me abruma no saber que fue lo que él pensó realmente hace más de una hora, antes de marcharse. —¿Crees que su alteza te quiere, cariño? —me encojo de hombros una vez mamá se ha separado un poco de mí—. ¿Sientes que no fuiste lo suficientemente cortes con él y que no supiste mostrarte agradecida por su ayuda? —No fui para nada agradecida, madre. Aunque acepto que el príncipe tenía una muy buena intención y que si hubiera dado ese paseo con él quizás no me hubiese sentido tan presionada después, sabes que me gusta encargarme personalmente de aquello que sea mi deber. —mamá me escucha atentamente. —¿Fuiste grosera, mi niña? —respiro profundo pero mi respuesta es negativa porque en ningún momento le falte el respeto a su alteza. —Pienso que tal vez ocasioné que su alteza se sintiera un poco inútil al no permitirle ayudarme... —Entonces deja de dañar tu cabeza con escenarios que no van a suceder, Solange, es bastante notorio que su alteza te quiere, mucho más allá de su relación destinada. Espera que aparezca en el baile y discúlpate si crees que es necesario, debe haber comunicación en una pareja, cariño, eso es importante. —sonríe y se acerca para dejar un beso sobre mi frente. —¿Y si no se acerca a mi en el baile? Entenderías la angustia que siento si lo hubieras escuchado hablar hace un rato. Dijo que me buscaría pero... —mamá me interrumpe. —Solange, un hombre siempre va necesitar sentir que es de ayuda para su pareja y que ella se siente cómoda con su ayuda. Muéstrale que estas agradecida con su aporte a tu tarea, eso es todo. —aconseja mamá con seriedad. —Eso haré eso, mamá, deberías bajar, los invitados deben estar por llegar. —me observa una última vez y luego sale de la habitación. Sé que para mamá es difícil hablarme bien sobre su alteza, porqué ella sabe que si me da su apoyo con la propuesta de compromiso del príncipe, es muy probable que vaya a aceptarla. Lo que significa que abandonaré Francia, que dejaré el hogar que ha visto crecer por varios años ya. ¿Era esto a lo que se refería Elisa? Tal vez a eso se refería con la situación difícil que debo de enfrentar. O no, ella dijo que mi relación con su alteza es de lo último que debo de preocuparme. Respiro profundo, acomodo mis guantes y salgo de mi habitación. Bajo las escaleras que conducen al área de las habitaciones hacia lo salones de la planta baja. Ni bien pongo un pie en el primer piso, escucho a los criados en la puerta principal anunciar a las familias o parejas que comienzan a llegar: —Lord y lady Arnauld. Sigo caminando mientras saludo a unas cuentas personas con las cuales me cruzo. —El Conde y la condesa Leroy. —observo hacia la entrada de mi casa por un momento, mientras espero que mis emocionadas hermanas terminen de acercarse una vez las veo. —¡Solange! —grita mi hermana menor, Nina, me giro hacia ella—. ¿Te gusta mi vestido? Es el último año que uso estos vuelos tan horribles. El próximo año usaré vestido de una debutante. —dice feliz.. —Los bocadillos están deliciosos, la cocinera y tú se lucieron, hermana. —Margot es la más callada de mis hermanas, por lo cual agradezco de corazón sus palabras. —¿Y el príncipe? —cuestiona Mélodie. —¿Por qué lo preguntas? —ella sonríe con picardía—. Mélodie, que sabes... —Oí que papá logró convencer a mamá y que te casarás con él luego de tu próximo cumpleaños. —mis otras dos hermanas menores chillan de la emoción ante las palabras de Mélodie. —Mel, Mel, dime que lo que dices no es mentira. —murmura Nina de manera dramática—. Mi corazón no soportaría que juegues con él de esa manera. ¿En verdad nuestra hermana mayor va ser una princesa? —Mélodie asiente y entonces Nina me toma de las manos y da unas cuentas vueltas conmigo. —¡Nina! —regañan Margot y Mélodie al unisono. Me río por las ocurrencias de mi hermana menor. —Dejemos a Solange, tiene que aprender a ser el centro de atención en eventos como este. —susurra Margot, mis dos hermanas le obedecen y retiran primero ellas dos—. ¿Sabes que vamos a extrañarte, verdad? —hago una mueca con la boca. —Aún no sabemos si yo aceptaré casarme con él o no... —Margot se ríe un poco de mis palabras. —Ay, Solange, cada que lo miras se nota que estás enamorada. —me hermana me pellizca la nariz y luego se marcha. —...
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