Capítulo Nueve: Invitado inesperado — Parte uno.

1087 Palabras
Capítulo Nueve: Invitado inesperado — Parte uno. Enero de 1847. Solange Roussel. Han pasado ocho días del año nuevo y el día de hoy se celebra mi fiesta de compromiso con el príncipe Théo. Después de haber explicado, lo que hacía en el baile de noche buena con esa señorita Morel a mis padres y a mí, el compromiso fue un hecho —no oficial—, pues esa misma noche mi padre y madre dieron su bendición para que sea el príncipe el hombre al que despose y viceversa. A pesar del titulo que recae sobre la cabeza de mi prometido, entre mi familia y los pocos conocidos de su alteza que viven cerca de aquí, se decidió que la fiesta de compromiso sería al pequeño, intimo, más familiar. Algo con lo que estoy tan cómoda como espero que lo este su alteza. Pero sé que será una reunión bastante agradable y emotiva, pues, es mi madre quien se ha hecho cargo de los preparativos para el día de hoy, pues, es costumbre en este ducado que ninguno de sus miembros —incluido el personal domestico—, realicen ni una sola labor el día de su cumpleaños. Hoy, además de ser mi compromiso, es mi décimo octavo cumpleaños. Y la verdad, con todo lo que he enterado, aprendido y sentido en el último casi mes y medio, necesitaba dejar de preocuparme o estar a cargo de algún evento o de ocular alguna cosa. No es como si no he intervenido de ninguna manera en cuestiones sobre la fiesta, pero en su mayoría todo lo ha preparado y planeado mi madre. Ya es un poco más de las diez de la mañana y nadie ha venido a prepararme, señal de que mis traviesas hermanas y mi padre han preparado algo para sorprenderme por mi cumpleaños. Hoy, en definitiva será un buen y gran día, no obstante, no puedo evitar pensar también que después de hoy tendré la edad suficiente para hacer uso completo de mi poder. Una hija del sol en su totalidad... Mentiría si dijera que no siento miedo, lo hago, pero también me siento segura. Pues al menos podré pasar las primeras muestras de este poder cerca de mi familia. Muevo la cabeza ante la primera sensación de negatividad. Entonces la puerta de mi habitación se abre... —¡Solange! —grita Nina apenas pone un pie dentro de mi habitación. —¡Feliz cumpleaños, hija! —sonrío, sintiéndome tan rodeada de felicidad que me calienta el pecho. —¡Feliz, feliz cumpleaños, hermana! —Nina se sube en la cama buscando poder abrazarme. —Feliz cumpleaños, Solange. —me dice Margot con mucha más calma que nuestra hermana menor, mientras me sonríe—. Nina, compórtate, deja que nuestra hermana respire un poco. —Nina observa a Margot y termina bajándose de la cama. —Sol, esto es un pequeño obsequio, para la primera y más hermosa novia de nuestra familia... —dice Mélodie mientras se acerca y de una caja mediana sobre mis manos. —¿Por qué Mélodie siempre te llama Sol y nosotras no podemos? —se queja mi hermana menor haciendo un pequeño puchero. Margot la mira y suspira tratando de soportarla. —Muchas gracias a todos. —expreso contenta—. Gracias, Mélodie. —hago el intento de abrir la caja, pero mi hermana coloca una mano sobre la tapa de esta. —Ábrelo cuando no haya nadie más... —señala a nuestras hermanas y padre—... cerca. —asiento y dejo la caja sobre la mesa cercana a la cama, saliendo al final del lecho. —¿Lista para un nuevo y enorme paso, hija mía? —papá se acerca, me abraza un momento y luego deja un beso sobre mi cabello—. ¿Cómo puede ser que mi hija mayor sea toda una mujer ahora? —me mira con tanta adoración que me ablanda el corazón—. Hay mejores maneras de decirme que estoy envejeciendo, Solange... —Sigues perfectamente apuesto, papá. —mis hermanas se abalanzan encima de nuestro padre abrazándolo. —Basta, señoritas... —mi habitación se llena de risas, contagiándome aún más buena energía que antes—. Bien, dejemos a la futura prometida arreglarse, es un día largo, mi niña. —por un momento veo los ojos de papá brillar por lo que creo son lágrimas, pero rápidamente el rastro de ellas desaparece. —¡Adiós, Solange! —grita Nina, mientras Margot la jala de la parte de atrás de su vestido. Voy a extrañar tanto este tipo de cosas. A Mélodie siendo de las jóvenes más elegantes y recatadas que he conocido. A Margot siendo la viva imagen de la abuela Renée y alguien de alma más tranquila y silenciosa. A Nina siendo la dueña de los momentos más emocionantes —y peligrosos en ciertas ocasiones— de esta casa y por su puesto voy a extrañar oírla quejarse cuando Margot la regaña. Minutos después de que mis hermanas y padre se han ido de mi habitación, Ingrid ingresa con al menos cuatro vestidos de diferentes modelos, telas y colores. —¡Feliz cumpleaños, señorita! —hace una reverencia a modo de saludo y luego me tiende una cajita pequeña sobre sus manos. —Ingrid, no tenías que molestarte, ya voy a separarte de tu familia cuando me case. Para mi es regalo suficiente que hayas aceptado seguir siendo mi doncella personal en Dinamarca. —aún así tomo la caja de sus manos y la abro. Dentro de ella hay una cadena con un dije en forma de copo de nieve. No puedo evitar sentir algo de nostalgia cuando recuerdo el significado de ese copo de nieve. —Sin usted, hubiera muerto ese invierno, cómo podría no acompañarla a donde sea que vaya, señorita. —limpio la lágrima que inevitablemente termina resbalando por mi mejilla. —Te lo agradezco, voy a guardarlo siempre. —cierro la caja y lo dejo al igual que el regalo de mi hermana sobre la mesa al lado de mi cama. —Aquí hay unos cuantos vestidos, señorita. Si ninguno es de su agrado puedo ir a buscar más abajo. —extiende los vestidos encima de la cama y me resuelta increíble como Ingrid ya sabe que tipos de vestidos suelo usar y que colores me agradan más. Es bastante observadora, nunca voy a arrepentirme de haberla traído a casa. Y mucho menos de la bella compañía que ella representa para mí. —...
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