Los neumáticos de mi auto rechinan en el pavimento cuando cruzo antes de detenerme enfrente de mi casa; salgo disparado de él. —Mi amor, ¿qué pasa, por qué llegas así? —pregunta mi madre cuando atravieso el salón principal después de dar un portazo. La ignoro por completo y subo corriendo las escaleras. Cuando llego a mi cuarto empiezo a arrojar al piso todo lo que entra en mi campo de visión. Todo esto me pasa por estúpido. —Andrew… —vuelve a decir mamá cuando entra y ve el desastre— ¿Qué te pasa, hijo? No me preocupes… —¡Nada, mamá! Odio ser tan débil cuando se trata de ella, y me odio por no poder soportar las ganas de llorar como un marica. Yo le entregué todo de mí, y para Eleanor solo fue un puto juego. Se estuvo riendo de mí todo el tiempo. —¿Cómo que nada? —insiste mant

