─Sí, ahora soy uno de los dueños ─declaro, con una sonrisa. Él me mira con desconcierto. Inesperadamente un niño aparece junto a su esposa, uno muy rubio. Patrick lo alza en sus brazos. ─Te presento a mi hijo, se llama: Sam ─comenta, sorprendiéndome. ─Saluda, hijito… queremos pedir lo mejor que tengan en postres veo que ahora venden también eso ¿Hay que rebuscarse, cierto? ─Suelta, con prepotencia, ruedo los ojos, suspirando para mostrarles los postres. ─En realidad, solo hay una personas capaz de ofrecerles lo mejor, nadie como la creadora de estos deliciosos postres ─menciono, sonriendo. ─¡Amor! ¿Puedes acercarte un momento? Por favor ─llamo, guiñándoles un ojo. Al cabo de unos segundos, aparece Noelle, limpiándose las manos en el mandil. Sus luceros se abren al colocarse a mi
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