Prolifera un bufido por lo que insinué. Observo cómo comienza a amasar con más velocidad y rudeza, al punto de arruinar la masa. Arrugo mi cejo, posando mi mano en su brazo, para detenerle. ─Detente ─pido con serenidad. Ella sale de su trance, mirándome. Sus ojos me miran con desconcierto. ─Solo… es que, tenemos un trato, no quiero que lo arruines ─menciona de repente. Suspiro, indicándole que me haga un lado, para poder amasar bien. Lo hace, dejándome a mí. Nuestros ojos se levantan hacia la puerta de la cocina, encontrándonos con Gian, quien trae un pedido para Paolo, el chef del lugar. Se queda mirándonos, con escrutinio. ─¿Qué se traman ustedes dos? ─Insinúa, entornando los ojos. ─Galletitas de jengibre ─digo, levantando el mazo con una sonrisa. ─Mmm… raro ─menciona, haci

