SIMÓN No hay cielo en este lugar. No hay aire, solo un peso sofocante que aplasta mi pecho hasta que no queda nada dentro de mí. Susan. Masha. Yo. Los nombres son cuchillas que se hunden en mi carne, repitiéndose una y otra vez, destrozando lo poco que queda de mí. El alma me pesa como si fuera un cadáver en descomposición, podrido, infectado de culpa. Me odio. Me odio con cada fragmento de mi existencia. No hay justificación, no hay excusas. No hay redención para alguien como yo. Masha intenta sonreírme. Quiere salvarme, incluso en este infierno. Pero yo no merezco su compasión. No cuando mis manos han sido convertidas en armas contra ella. No cuando estoy dentro de ella, empujado por la monstruosidad de este momento, destrozándola, traicionándola. La bilis me sube por la gar

